Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'
Vecino. Cuando preguntas “¿dónde firmo?”, ya no es opinión: es juicio cívico.
O de cómo el poder te pide el voto… pero no te pide la voz.
Vecino,
La semana pasada nos dijeron que el presupuesto estaba vivo.
Que un presupuesto no es un plan: es un organismo.
Que puede moverse, cambiar, reordenarse, “respirar”.
Y sí: respiró.
Respiró quitando a las urbanizaciones lo básico.
Respiró desplazando el dinero donde hace foto.
Respiró con esa palabra cómoda, redonda, casi inocente: “vivo”.
Pero esta semana —sin que nadie lo anunciara— ha sucedido algo más serio.
No ha estado vivo el presupuesto.
Ha estado vivo el pueblo.
Y eso, Vecino, no estaba en su guion.
Esta semana el Casco Antiguo ha encendido una alarma que en Calp se reconoce al instante.
No es la alarma de la ideología.
Es la alarma de la identidad.
La gente no ha discutido colores.
Ha discutido pertenencia.
Porque el Casco Antiguo no es una postal:
es una herencia viva,
un pacto silencioso entre los que nacieron aquí y los que fueron acogidos como uno más.
Y cuando ese pacto se toca, la ciudad reacciona.
Se han movido vecinos.
Se han movido comerciantes.
Se ha hablado de firmas.
Se ha preguntado dónde se firma.
Porque aquí no se discute un gusto. Se discute una regla.
Y una excepción.
Vecino: aquí está el núcleo.
Cuando el ciudadano cita informes.
Cuando el ciudadano invoca el PGOU.
Cuando el ciudadano deja de opinar y empieza a exigir.
Eso es el pueblo vivo.
Y eso es lo que no soporta el poder que se cree eterno:
un vecino que ya no es público, sino parte.
Ahora míralo de frente, Vecino.
Tu voz cuenta en elecciones.
Fuera de elecciones, tu voz molesta.
Porque cuando el ciudadano protesta, no llega la pregunta al pueblo.
Llega el render.
Llega el comunicado.
Llega la explicación técnica.
Llega el “todo está tramitado”.
Y lo “tramitado” se convierte en excusa para no escuchar.
Es decir: llega el discurso después de la decisión.
Y ahí está la mentira central de muchas legislaturas:
se gobierna como si el mandato fuera permiso para imponer.
Por eso la pregunta ya no es estética.
La pregunta es política en el sentido más limpio:
¿importa tu voz fuera de elecciones… o solo importa el expediente?
Porque si el expediente es el escudo y el comunicado es la anestesia,
entonces tú no eres soberano.
Eres público.
Vecino,
no caigas en la trampa del trámite.
Ellos te dirán que “se publicó”.
Que “hubo periodo”.
Que “se tramitó”.
Que “todo está en regla”.
Perfecto.
Pero la pregunta real no es si existió un procedimiento.
La pregunta real es esta:
¿te van a hacer caso?
Porque ahora el pueblo está tenso.
Ahora hay indignación palpable.
Ahora hay vallado, perímetro, ruido de obra y rabia en la calle.
Y en este punto la democracia local se desnuda:
¿van a escuchar y corregir…
o van a seguir adelante detrás del expediente?
Porque si la respuesta es “seguiremos igual porque está tramitado”, entonces entiende tu sitio:
tú estás para pagar,
para aguantar,
y para comerte el expediente cuando te quejas.
Tu voz no cuenta para decidir.
Tu voz solo cuenta cuando votas.
Y por eso hoy la pregunta que circula por el pueblo es la única que importa:
si mi voz no vale durante la legislatura,
¿qué soy yo aquí?
Vecino,
cuando preguntas “¿dónde firmo?”, ya no es opinión: es juicio cívico.
Y este juicio no va de estilos.
Va de soberanía.
Entre elecciones y elecciones, el vecino descubre su sitio.
Y hoy la pregunta es simple:
¿El calpino es soberano… o espectador que solo paga impuestos?
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
Hasta el próximo lunes, Legión.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Vecino,
La semana pasada nos dijeron que el presupuesto estaba vivo.
Que un presupuesto no es un plan: es un organismo.
Que puede moverse, cambiar, reordenarse, “respirar”.
Y sí: respiró.
Respiró quitando a las urbanizaciones lo básico.
Respiró desplazando el dinero donde hace foto.
Respiró con esa palabra cómoda, redonda, casi inocente: “vivo”.
Pero esta semana —sin que nadie lo anunciara— ha sucedido algo más serio.
No ha estado vivo el presupuesto.
Ha estado vivo el pueblo.
Y eso, Vecino, no estaba en su guion.
Esta semana el Casco Antiguo ha encendido una alarma que en Calp se reconoce al instante.
No es la alarma de la ideología.
Es la alarma de la identidad.
La gente no ha discutido colores.
Ha discutido pertenencia.
Porque el Casco Antiguo no es una postal:
es una herencia viva,
un pacto silencioso entre los que nacieron aquí y los que fueron acogidos como uno más.
Y cuando ese pacto se toca, la ciudad reacciona.
Se han movido vecinos.
Se han movido comerciantes.
Se ha hablado de firmas.
Se ha preguntado dónde se firma.
Porque aquí no se discute un gusto. Se discute una regla.
Y una excepción.
Vecino: aquí está el núcleo.
Cuando el ciudadano cita informes.
Cuando el ciudadano invoca el PGOU.
Cuando el ciudadano deja de opinar y empieza a exigir.
Eso es el pueblo vivo.
Y eso es lo que no soporta el poder que se cree eterno:
un vecino que ya no es público, sino parte.
Ahora míralo de frente, Vecino.
Tu voz cuenta en elecciones.
Fuera de elecciones, tu voz molesta.
Porque cuando el ciudadano protesta, no llega la pregunta al pueblo.
Llega el render.
Llega el comunicado.
Llega la explicación técnica.
Llega el “todo está tramitado”.
Y lo “tramitado” se convierte en excusa para no escuchar.
Es decir: llega el discurso después de la decisión.
Y ahí está la mentira central de muchas legislaturas:
se gobierna como si el mandato fuera permiso para imponer.
Por eso la pregunta ya no es estética.
La pregunta es política en el sentido más limpio:
¿importa tu voz fuera de elecciones… o solo importa el expediente?
Porque si el expediente es el escudo y el comunicado es la anestesia,
entonces tú no eres soberano.
Eres público.
Vecino,
no caigas en la trampa del trámite.
Ellos te dirán que “se publicó”.
Que “hubo periodo”.
Que “se tramitó”.
Que “todo está en regla”.
Perfecto.
Pero la pregunta real no es si existió un procedimiento.
La pregunta real es esta:
¿te van a hacer caso?
Porque ahora el pueblo está tenso.
Ahora hay indignación palpable.
Ahora hay vallado, perímetro, ruido de obra y rabia en la calle.
Y en este punto la democracia local se desnuda:
¿van a escuchar y corregir…
o van a seguir adelante detrás del expediente?
Porque si la respuesta es “seguiremos igual porque está tramitado”, entonces entiende tu sitio:
tú estás para pagar,
para aguantar,
y para comerte el expediente cuando te quejas.
Tu voz no cuenta para decidir.
Tu voz solo cuenta cuando votas.
Y por eso hoy la pregunta que circula por el pueblo es la única que importa:
si mi voz no vale durante la legislatura,
¿qué soy yo aquí?
Vecino,
cuando preguntas “¿dónde firmo?”, ya no es opinión: es juicio cívico.
Y este juicio no va de estilos.
Va de soberanía.
Entre elecciones y elecciones, el vecino descubre su sitio.
Y hoy la pregunta es simple:
¿El calpino es soberano… o espectador que solo paga impuestos?
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
Hasta el próximo lunes, Legión.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.






























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.107