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Artículo de opinión

Recoger 854 kilos fue un éxito como comunidad. Tener 854 kilos que recoger no lo es

Martina Rogers, Ciclista de Cicloturistes de Calp e impulsora de la iniciativa

Participantes en la jornada de limpieza de residuos en CalpParticipantes en la jornada de limpieza de residuos en Calp

Martina Rogers
Ciclista de Cicloturistes de Calp e impulsora de la iniciativa

Tengo muchas preguntas que deberíamos hacernos con más frecuencia.

 

¿Por qué hay tanta basura a nuestro alrededor y por qué parece que nos hemos acostumbrado a convivir con ella? Pasamos junto a una lata, una botella o una bolsa atrapada en una cuneta y seguimos de largo. Estaba allí ayer, anteayer y, con toda probabilidad, seguirá allí mañana. ¿Cuánto tardará en degradarse? ¿Dónde acabará ese plástico que el viento dispersa por caminos y pinares? Si seguimos acumulando residuos a este ritmo, ¿qué quedará de nuestro paisaje dentro de cuarenta años?

 

Personalmente, estoy harta. Harta de salir en bicicleta, caminar o conducir por los alrededores de Calp y encontrar vertederos improvisados una y otra vez. Harta de resignarme a pensar que nada va a cambiar mientras miramos hacia otro lado.

 

De esa indignación nació la idea de actuar. Propuse a mis compañeros de Cicloturistes de Calp cambiar una de nuestras habituales salidas dominicales por una mañana de limpieza. No queríamos quedarnos en la queja vacía; queríamos regalar unas horas de nuestro tiempo libre y pasar a la acción.

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Cambiamos las bicicletas por guantes, pinzas y bolsas. La iniciativa fue creciendo y, gracias a la colaboración del Ayuntamiento y de las entidades implicadas, se convirtió en una jornada abierta a toda la ciudadanía. Al final fuimos 70 voluntarios y, entre todos, retiramos 854 kilos de residuos abandonados en la naturaleza.

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Ver a 70 personas un domingo por la mañana limpiando lo que otros habían ensuciado fue emocionante. Pero quiero dejar algo claro: no impulsé esto para batir un récord de recogida. Lo hice para visibilizar un problema crónico, remover conciencias y presionar para que quienes tienen competencias busquen soluciones de raíz.

 

Recoger 854 kilos fue un éxito de solidaridad vecinal. Tener 854 kilos que recoger es un fracaso colectivo.

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Entiendo que alguien pueda pensar: «esa basura no es mía, ¿por qué tengo que recogerla yo?». Lo entiendo, pero no lo comparto. La naturaleza no distingue la autoría del residuo: simplemente sufre las consecuencias. Si queremos conservar nuestro entorno, debemos superar la barrera de «lo mío y lo ajeno» y empezar a actuar como comunidad. Quizá no sea nuestra basura, pero sí es nuestro pueblo, nuestro paisaje y nuestro futuro. Además, no podemos exigir a las generaciones más jóvenes que cuiden el planeta si nosotros normalizamos la dejadez.

 

Los ciudadanos podemos y debemos poner de nuestra parte: separar en casa, usar los contenedores adecuadamente, acudir al Punt Net y educar con el ejemplo. Pero la buena voluntad ciudadana tiene un límite evidente.

 

Nosotros no podemos evitar que alguien arroje una bolsa desde un coche, ni vigilar al que prefiere descargar escombros en un barranco por pura comodidad. Ahí es donde necesitamos a las administraciones públicas.

 

No basta con limpiar más; hay que evitar que la basura llegue a acumularse. Por un lado, facilitando las cosas a quien quiere actuar bien: estudiar cerramientos para islas de contenedores donde el viento esparce los plásticos, reforzar frecuencias en urbanizaciones y garantizar que los puntos de recogida sean gratuitos, accesibles y con horarios amplios.

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Por otro lado, aplicando rigor: hacen falta inspección, control y sanciones verdaderamente disuasorias. Si abandonar residuos en el monte sigue siendo fácil, barato y libre de consecuencias, siempre habrá quien elija esa opción. Hay que identificar los puntos negros recurrentes y recurrir a la videovigilancia y a las multas ejemplares frente a vertidos deliberados, tanto de particulares como de profesionales.

 

Los voluntarios podemos volver a salir otro domingo, y seguro que lo haremos. Podremos retirar otros 854 kilos. Pero esa no puede ser la solución perpetua. El auténtico éxito no será batir una cifra en la próxima convocatoria; el éxito será volver dentro de unos meses a las zonas que limpiamos y encontrarlas intactas.

 

Una jornada de recogida no debería servir solo para limpiar, sino para preguntarnos por qué seguimos ensuciando y qué estamos dispuestos a cambiar para erradicarlo.

 

Gracias de corazón a quienes confiaron en esta propuesta desde el primer minuto, especialmente a toda la familia de Cicloturistes de Calp y a cada una de las personas que vinieron a arrimar el hombro. Una mención muy especial también para los chicos de la Fundación CEPAIM, que se implicaron sin descanso durante toda la jornada y demostraron unas ganas y un compromiso admirables. Y cómo no, también agradecer por parte del Ayuntamiento sobre todo a los concejales Pere Moll y Mireia Ripoll, y también a Ascensión Navarro, sin cuya organización no hubiéramos tenido el éxito alcanzado.

 

Los 854 kilos los levantamos juntos; ahora nos toca a todos lograr que no vuelvan a aparecer.

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