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Lunes, 21 de Septiembre de 2026

Actualizada Lunes, 21 de Septiembre de 2026 a las 10:35:06 horas

Lunes, 21 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. El sistema cuenta plazos. Tú cuentas vida.

O de cómo las competencias se reparten mientras la espera siempre termina en el mismo sitio.

Vecino,

me fui pensando que necesitaba descansar.

 

Y era verdad.

 

Pero la distancia sirve para algo más que descansar.
Sirve para descubrir lo que no se veía cuando cada lunes llegaba demasiado cerca del anterior.

 

Durante meses hablamos de tasas, vivienda, aparcamiento, ayudas, tradición, trabajo, basura, política.

 

Temas distintos.
Semanas distintas.
Problemas distintos.

 

O eso parecía.

 

Porque cuando el ruido se apaga y uno mira el camino entero, empieza a aparecer una pregunta bastante más incómoda:

 

¿Y si llevábamos más de un año describiendo el mismo problema desde lugares diferentes?

 

Por eso vuelven Los Lunes Negros.
No para continuar donde los dejamos.
Para mirar desde más arriba.

 

La distancia deja una conclusión bastante incómoda.

 

El problema nunca fue solo la tasa.
Tampoco la zona azul. Ni la vivienda.
Ni la basura.
Ni una ayuda.
Ni una fiesta.
Ni una ordenanza que decide cuándo trabajar empieza a molestar.

 

El problema aparece cuando juntas las piezas.

 

Entonces ves un aparato extraordinariamente eficaz para decirte cuánto debes pagar, qué puedes hacer, a qué hora puedes hacerlo, dónde puedes aparcar, qué formulario debes rellenar, qué Administración tiene la competencia y por qué la solución parece depender siempre del siguiente trámite.

 

Y frente a él aparece siempre la misma figura.

 

Tú.

 

Pagando.
Esperando.
Adaptándote.

 

Durante un año describimos errores, retrasos y decisiones. También señalamos que había un método. La distancia no borra aquel trabajo: permite ver mejor su alcance.

 

Quizá estábamos describiendo algo más grande.
Quizá estábamos describiendo el sistema.

 

Esta semana hubo pleno extraordinario. Sobre la mesa había dos asuntos principales: la carrera profesional de los trabajadores municipales y el compromiso del Ayuntamiento sobre la parcela propuesta para el futuro segundo centro de salud.

 

En ese segundo asunto se discutía un paso necesario para que el expediente pudiera continuar ante Sanidad.

 

Y allí vimos al sistema hacer aquello que tan bien sabe hacer cuando una necesidad tarda demasiado en resolverse: explicarse a sí mismo.

 

Unos recordaron lo que no hizo el gobierno anterior.
Otros recordaron lo que no hizo el de antes.
Unos señalaron a Marina Salud.
Otros a la Generalitat.
Unos defendieron sus años.
Otros los utilizaron como reproche.

 

Se discutió de contratos, de competencias, de partidos, de educación, de ambulancias. Incluso hubo que pedir que aquello dejara de parecer un mitin político.

 

Y mientras el sistema discutía consigo mismo, había una cosa sobre la que todos parecían estar de acuerdo: Calp necesita otro centro de salud.

 

Tanto, que terminaron votando todos a favor.
Ésa es la paradoja.

 

La necesidad une.
La responsabilidad se reparte.
La espera permanece.

 

Y aquí la historia empieza a resultar incómoda para cualquier relato demasiado sencillo.

 

Porque la necesidad sanitaria de Calp no nació con este gobierno.

Ni con el anterior.

 

Durante la concesión ya existía una actuación sanitaria comprometida para Calp. El propio Ayuntamiento recordó en 2024, al finalizar aquel modelo, que seguía pendiente de ejecución.

 

Entre tanto habían cambiado gobiernos autonómicos de distinto signo.

 

No se trata de equiparar sin más aquel compromiso y el proyecto actual. Se trata de recordar que la historia de esta necesidad no empieza con el último expediente.

 

Eso no significa que todos hicieran lo mismo.
Ni que todos tengan la misma responsabilidad.
Significa algo bastante más difícil de explicar:
la necesidad sobrevivió a todos.

 

Y si existían contrato, Administración concedente y mecanismos de control, entonces la pregunta ya no puede ser solo quién prometió aquello.

 

También habrá que preguntar quién lo vigiló, qué se exigió cuando no se cumplió y qué ocurrió con las obligaciones pendientes al terminar la concesión.

 

No para repartir la misma culpa entre todos.
Para saber qué correspondía a cada uno.

 

Y sería injusto decir que esta semana no ha ocurrido nada.

 

Ha ocurrido.

 

Realizar el acto administrativo frente a la Generalitat, de asumir las acometidas de electricidad, agua, saneamiento y telefonía, además de las actuaciones necesarias para dejar la parcela en condiciones para que Sanidad pueda evaluar el terreno para el segundo centro de salud.

 

Eso es avanzar.

 

Porque fiscalizar no consiste en negar lo que se hace.
Consiste también en llamarlo por su nombre.

 

Pero hay una expresión que conviene leer despacio: «El último trámite».

 

Porque es el último trámite municipal de esta fase.
No el último paso hasta el centro de salud.

 

La parcela todavía tiene que ser considerada idónea. Después deberán concretarse el proyecto, la financiación y la obra. En el propio pleno se pidió que la partida necesaria figure en los presupuestos autonómicos de 2027.

 

Reconocer el paso dado no obliga a confundirlo con la llegada.
Ésa es la diferencia entre el tiempo administrativo y el tiempo del vecino.

 

Para el expediente puede terminar una fase.
Para quien espera un médico, todavía queda camino.

 

Mientras tanto, los hijos crecen y los padres envejecen.
La vida no se detiene para esperar al expediente.

 

Dentro de unos meses la política volverá a hacer lo que siempre hace antes de unas elecciones:
mirar hacia delante.

 

Hablará de proyectos.
De equipos.
De futuro.
De todo lo que todavía puede hacerse.

 

Y tendrá derecho a hacerlo.
Pero el vecino también tiene derecho a mirar hacia atrás.
A recordar qué pagó.
Qué esperó.
Qué se prometió.
Qué terminó.

 

Y qué sigue convertido en expediente.

 

Porque una democracia no debería obligar al ciudadano a estrenar memoria cada cuatro años.
Antes de escuchar la siguiente promesa, conviene saber qué ocurrió con la anterior.
Ése quizá sea uno de los trabajos de esta tercera temporada: impedir que el calendario electoral borre el calendario del vecino.

 

Vecino,
en julio me fui para descansar.
No para olvidar.

 

Vuelvo para reconocer cada avance.
Y para que lo pendiente no desaparezca cuando cambie quien lo cuenta.

 

La tercera temporada empieza aquí.
La espera del vecino, no.

 

Vuelven Los Lunes Negros.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García

 

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

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