Noticias de Calp
L’Estanc Número 1 de Calp celebra cien años ligado a la historia del municipio
Fundado en 1926, el primer establecimiento expendedor de Tabaco y Timbre de Calp alcanza su centenario tras acompañar a varias generaciones de calpinos
Hay comercios que venden productos. Y hay otros que, sin proponérselo, terminan vendiendo también recuerdos, conversaciones, costumbres y fragmentos de la vida de un pueblo. Ese es el caso de L’Estanc Número 1 de Calp, el primer establecimiento expendedor de Tabaco y Timbre del municipio, que este 2026 celebra su centenario convertido ya en parte inseparable de la memoria colectiva calpina.
Fundado en 1926 por familiares de Miguel Ferrer, abuelo de los actuales propietarios, José Luis y Lola Mari Bertomeu Ferrer, que al marcharse a El Puerto de Santa María creyeron oportuno que no se perdiera el negocio y lo continuara su primo Miguel. El pequeño estanco nació en una época en la que Calp era todavía un pueblo marinero y agrícola, de calles tranquilas y vecinos que se conocían por el nombre y por la historia familiar. Nadie podía imaginar entonces que aquel negocio acabaría acompañando durante un siglo entero la transformación del municipio.
Los primeros años de L’Estanc transcurrieron junto al Forn de María, en la calle Llibertat. Décadas después se trasladaría a distintas ubicaciones de la misma vía, siempre muy cerca de la vida cotidiana del pueblo. Más tarde se instalaría en el enclave que muchos vecinos todavía recuerdan, con acceso desde la calle Cervantes y la calle Llibertat. En 1967, debido a las obras del edificio actual, el negocio tuvo que trasladarse temporalmente al local de enfrente, hasta regresar en 1969 a su ubicación definitiva, donde continúa hoy, modernizado, pero manteniendo intacta su esencia.
La historia del estanco también es la historia de una familia entregada a su oficio. En 1958, Tabacalera S.A. nombró titular a Josefa Ferrer, madre de José Luis, consolidando así el relevo generacional y el profundo vínculo familiar con el establecimiento. Desde entonces, varias generaciones de calpinos han cruzado sus puertas para comprar tabaco, sellos, timbre del Estado o simplemente para intercambiar unas palabras al pasar.
José Luis Bertomeu conserva recuerdos que hoy parecen escenas de otro tiempo, pero que forman parte de la memoria sentimental de Calp. Recuerda acompañar de niño a su padre en una tartana hasta la estación del ferrocarril para recoger las enormes cajas de tabaco picado e Ideales que llegaban desde Alicante. O aquellos viajes hasta La Vila en camión para transportar mercancía, cuando el abastecimiento requería esfuerzo, paciencia y largas jornadas de trabajo.
Cada caja descargada, cada viaje y cada jornada detrás del mostrador hablaban de sacrificio, pero también de compromiso con el pueblo.

Con la llegada del boom turístico en los años 60 y 70, Calp comenzó a transformarse aceleradamente. El municipio crecía, se construían edificios de apartamentos y se abrían nuevos negocios, y las calles empezaban a llenarse de visitantes llegados de toda Europa. L’Estanc Número 1 vivió en primera línea aquella revolución social y económica. En una sola semana llegaron a venderse hasta 10.000 sellos, mientras las ventas de tabaco crecían al mismo ritmo que la población y el turismo.
A medida que Calp se expandía, también aparecieron nuevos estancos en el municipio. Pero el Número 1 continuó siendo un referente, un establecimiento asociado a generaciones enteras de vecinos y veraneantes. En los años 90 el negocio supo adaptarse nuevamente a los tiempos ampliando y diversificando su actividad con detalles y regalos para eventos, demostrando que tradición y capacidad de reinventarse pueden caminar juntas.
Durante cien años, L’Estanc ha sido mucho más que un comercio. Ha sido testigo de la evolución urbana de Calp, de sus cambios sociales, de sus momentos difíciles y de sus épocas de prosperidad. Ha visto pasar generaciones enteras de familias, niños convertidos en adultos y turistas que, año tras año, regresaban al mismo mostrador como quien vuelve a un lugar familiar.
En cierta manera, la historia de Calp ha ido ligada a la historia de L’Estanc. Porque algunos establecimientos terminan convirtiéndose en símbolos silenciosos de un pueblo: lugares donde el tiempo deja huella y donde la memoria permanece viva entre conversaciones, saludos cotidianos y décadas de trabajo honesto.
Celebrar el centenario de L’Estanc Número 1 es también rendir homenaje a todas las personas que lo hicieron posible: a Miguel Ferrer, a Josefa Ferrer, a José Luis y Lola Mari Bertomeu Ferrer y a toda una familia que ha sabido mantener vivo un negocio histórico con dedicación, cercanía y cariño por su pueblo. Cien años después, L’Estanc Número 1 sigue formando parte del alma de Calp. Y eso, en un mundo donde tantas cosas desaparecen con el tiempo, merece ser celebrado.


Hay comercios que venden productos. Y hay otros que, sin proponérselo, terminan vendiendo también recuerdos, conversaciones, costumbres y fragmentos de la vida de un pueblo. Ese es el caso de L’Estanc Número 1 de Calp, el primer establecimiento expendedor de Tabaco y Timbre del municipio, que este 2026 celebra su centenario convertido ya en parte inseparable de la memoria colectiva calpina.
Fundado en 1926 por familiares de Miguel Ferrer, abuelo de los actuales propietarios, José Luis y Lola Mari Bertomeu Ferrer, que al marcharse a El Puerto de Santa María creyeron oportuno que no se perdiera el negocio y lo continuara su primo Miguel. El pequeño estanco nació en una época en la que Calp era todavía un pueblo marinero y agrícola, de calles tranquilas y vecinos que se conocían por el nombre y por la historia familiar. Nadie podía imaginar entonces que aquel negocio acabaría acompañando durante un siglo entero la transformación del municipio.
Los primeros años de L’Estanc transcurrieron junto al Forn de María, en la calle Llibertat. Décadas después se trasladaría a distintas ubicaciones de la misma vía, siempre muy cerca de la vida cotidiana del pueblo. Más tarde se instalaría en el enclave que muchos vecinos todavía recuerdan, con acceso desde la calle Cervantes y la calle Llibertat. En 1967, debido a las obras del edificio actual, el negocio tuvo que trasladarse temporalmente al local de enfrente, hasta regresar en 1969 a su ubicación definitiva, donde continúa hoy, modernizado, pero manteniendo intacta su esencia.
La historia del estanco también es la historia de una familia entregada a su oficio. En 1958, Tabacalera S.A. nombró titular a Josefa Ferrer, madre de José Luis, consolidando así el relevo generacional y el profundo vínculo familiar con el establecimiento. Desde entonces, varias generaciones de calpinos han cruzado sus puertas para comprar tabaco, sellos, timbre del Estado o simplemente para intercambiar unas palabras al pasar.
José Luis Bertomeu conserva recuerdos que hoy parecen escenas de otro tiempo, pero que forman parte de la memoria sentimental de Calp. Recuerda acompañar de niño a su padre en una tartana hasta la estación del ferrocarril para recoger las enormes cajas de tabaco picado e Ideales que llegaban desde Alicante. O aquellos viajes hasta La Vila en camión para transportar mercancía, cuando el abastecimiento requería esfuerzo, paciencia y largas jornadas de trabajo.
Cada caja descargada, cada viaje y cada jornada detrás del mostrador hablaban de sacrificio, pero también de compromiso con el pueblo.

Con la llegada del boom turístico en los años 60 y 70, Calp comenzó a transformarse aceleradamente. El municipio crecía, se construían edificios de apartamentos y se abrían nuevos negocios, y las calles empezaban a llenarse de visitantes llegados de toda Europa. L’Estanc Número 1 vivió en primera línea aquella revolución social y económica. En una sola semana llegaron a venderse hasta 10.000 sellos, mientras las ventas de tabaco crecían al mismo ritmo que la población y el turismo.
A medida que Calp se expandía, también aparecieron nuevos estancos en el municipio. Pero el Número 1 continuó siendo un referente, un establecimiento asociado a generaciones enteras de vecinos y veraneantes. En los años 90 el negocio supo adaptarse nuevamente a los tiempos ampliando y diversificando su actividad con detalles y regalos para eventos, demostrando que tradición y capacidad de reinventarse pueden caminar juntas.
Durante cien años, L’Estanc ha sido mucho más que un comercio. Ha sido testigo de la evolución urbana de Calp, de sus cambios sociales, de sus momentos difíciles y de sus épocas de prosperidad. Ha visto pasar generaciones enteras de familias, niños convertidos en adultos y turistas que, año tras año, regresaban al mismo mostrador como quien vuelve a un lugar familiar.
En cierta manera, la historia de Calp ha ido ligada a la historia de L’Estanc. Porque algunos establecimientos terminan convirtiéndose en símbolos silenciosos de un pueblo: lugares donde el tiempo deja huella y donde la memoria permanece viva entre conversaciones, saludos cotidianos y décadas de trabajo honesto.
Celebrar el centenario de L’Estanc Número 1 es también rendir homenaje a todas las personas que lo hicieron posible: a Miguel Ferrer, a Josefa Ferrer, a José Luis y Lola Mari Bertomeu Ferrer y a toda una familia que ha sabido mantener vivo un negocio histórico con dedicación, cercanía y cariño por su pueblo. Cien años después, L’Estanc Número 1 sigue formando parte del alma de Calp. Y eso, en un mundo donde tantas cosas desaparecen con el tiempo, merece ser celebrado.





























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