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Lunes, 27 de Julio de 2026

Actualizada Lunes, 27 de Julio de 2026 a las 12:53:23 horas

Lunes, 27 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. No todo lo que nos une cabe en una pantalla.

O de cómo algo tan pequeño me enseñó que la lealtad, la justicia y el deber pesan más que cualquier poder.

Vecino,

hay vidas que caben entre dos brazos y dejan una sombra que ya no cabe en ninguna casa.

 

Rubi era pequeña.

Tan pequeña que el mundo podía pasar a su lado sin comprender todo lo que llevaba dentro.

 

Doce años de compañía.

Doce años de presencia.

Doce años caminando junto a mí, también cuando el camino dejó de tener luz.

 

Esta semana se fue.

 

Y entonces miré una fotografía.

Rubi estaba sola bajo el sol, diminuta sobre el suelo.

Pero detrás de ella crecía una sombra inmensa.

Quizá algunas vidas sean así.

 

Llegan sin hacer ruido.

Ocupan muy poco.

 

Y cuando faltan, descubrimos que sostenían mucho más de lo que veíamos.

Hay compañías que preguntan qué te ocurre.

Y hay otras que, sin entenderlo, comprenden que no deben marcharse.

Rubi pertenecía a las segundas.

 

Me acompañó en una de las etapas más oscuras de mi vida.

No sabía qué se había roto.

No conocía las decisiones que había que tomar.

No entendía de culpables, razones ni despedidas.

 

Pero sabía quedarse.

Se tumbaba cerca.

Esperaba.

Caminaba conmigo.

 

Y convertía su silencio en una forma de compañía que muchos seres humanos, aun teniendo palabras, nunca llegan a aprender.

 

Rubi no hizo discursos.

Hizo algo más difícil.

 

Estuvo.

 

Dicen que las heridas hacen fuerte a un hombre.

No siempre es verdad.

Algunas heridas no fortalecen.

Solo enseñan.

 

Enseñan qué permanece cuando desaparece el ruido.

Quién se queda cuando ya no hay nada que ganar.

Qué decisiones deben tomarse aunque duelan.

Y qué parte de uno mismo no puede volver a entregarse por miedo, costumbre o resignación.

 

Rubi no me enseñó a ser invulnerable.

Me enseñó algo más importante.

Cuando a un hombre lo han roto demasiadas veces, deja de vivir con miedo a que vuelvan a romperlo.

 

Ya no tengo nada que demostrar.

Pero sí mucho que defender.

 

Y quizá la justicia empiece ahí.

En reconocer aquello que nos sostuvo.

Y en no entregar al miedo lo que todavía merece ser defendido.

 

De Rubi aprendí a permanecer.

 

Esta semana la selección nos recordó que también un pueblo puede hacerlo.

Durante unas horas, Calp salió a la calle bajo una misma alegría.

 

No importaban las siglas.

No importaban los reproches.

No importaba a quién había votado cada uno.

 

La selección atravesó una final áspera, soportó el golpe y no perdió el camino.

 

Siguió jugando.

Siguió creyendo.

 

Y venció sin dejar que aquello que la golpeaba decidiera en qué debía convertirse.

 

Quizá vencer sea también eso.

No golpear más fuerte.

No gritar más.

No parecerse a quien intenta sacarte de tu camino.

Simplemente no perderse.

 

Por eso escribo cada lunes.

No porque piense que una columna derriba gobiernos ni porque necesite que el poder me escuche.

Escribo porque el poder cuenta siempre con dos aliados silenciosos:

el cansancio del vecino
y la resignación de quien termina pensando que nada puede cambiar.

 

Cuando nadie pregunta, todo parece correcto.

Cuando nadie fiscaliza, cualquier relato termina pareciendo verdad.

Cuando nadie incomoda, el poder acaba confundiendo el Ayuntamiento con su propia casa.

 

Por eso escribo.

 

Porque callarse también es una forma de elegir.

Y porque la desidia y la resignación no conservan una sociedad.

La entregan.

 

Y ahora responderé a la pregunta que algunos repiten como si todo ciudadano que incomoda tuviera necesariamente que querer un cargo.

No.

No me voy a presentar.

 

No he escrito durante estos dos años para pedir un puesto, construir una candidatura ni negociar con ningún despacho.

 

He escrito porque la ciudad también pertenece a quienes no quieren gobernarla, pero se niegan a dejar de vigilar a quienes la gobiernan.

 

Tengo proyectos profesionales más importantes que la política.

Y una vida que está a punto de cambiar de etapa.

 

Si algún día tomara otra decisión, los vecinos lo sabrían todos al mismo tiempo.

 

Sin emisarios.

Sin padrinos.

Sin permiso.

 

Hasta entonces, no confundan independencia con candidatura.

Ni deber cívico con ambición.

 

Hay momentos en los que continuar exige detenerse.

 

Este año ha sido duro.
Especialmente en lo personal y familiar.
Pero también ha sido el mejor año de mi vida profesional, el comienzo de proyectos importantes y la antesala de una etapa nueva.

 

Me voy a casar.

 

Y antes de abrir esa puerta necesito descansar, ordenar lo vivido y despedirme de aquello que no debe cruzarla conmigo.

 

Durante este tiempo me habéis acompañado cada lunes.

Vosotros habéis estado al otro lado, leyendo, compartiendo, discrepando, preguntando y recordándome que una palabra puede seguir teniendo sentido cuando encuentra a alguien dispuesto a recibirla.

 

En septiembre volveré.

 

No sé si más fuerte.

Pero sí más ordenado.

Más libre.

 

Y sabiendo mejor qué merece ser defendido.

 

Las pantallas se apagan.

Las publicaciones pasan.

 

El ruido encuentra pronto otro lugar donde instalarse.

Pero un pueblo necesita algo que permanezca.

 

Necesita una memoria.

Una tradición.

 

Una plaza en la que poder mirarse sin intermediarios y recordar que, antes que gobierno y oposición, antes que seguidores y adversarios, antes incluso que nuestras pequeñas guerras, seguimos siendo vecinos.

 

Dentro de unos días celebraremos las fiestas de la Virgen de las Nieves.

 

No todos vivirán la tradición de la misma manera.

No todos pronunciarán las mismas palabras.

 

Pero Calp volverá a reunirse en el mismo lugar.

Y después de un año hablándonos cada lunes desde una pantalla, prefiero despedirme así.

No todo lo que nos une cabe en una pantalla.

 

Algunas cosas necesitan una plaza.

Hasta septiembre, vecino.

 

Nos vemos en la Plaza Mayor.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García

 

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

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