Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'
Vecino. La selección une. La política reparte la pantalla.
O de cómo el Mundial llenó Calp de alegría mientras el poder decidía dónde se miraba, dónde se consumía y quién quedaba fuera.
Vecino,
la selección hizo en una noche lo que la política local no consigue en años.
Juntó a Calp.
Juntó al que vive en el centro, al que vive en la Fossa, al que trabaja en el puerto, al que abre un comercio, al que sirve mesas, al que solo quería ver el partido y al que por unas horas prefirió dejar la bronca aparcada.
España puso algo limpio sobre la mesa.
Alegría.
Orgullo.
Una excusa para mirar juntos.
Y precisamente por eso conviene mirar qué hizo la política con esa alegría cuando le tocó convertirla en mapa, pantallas y dispositivo.
Que nadie haga el truco fácil.
Esto no va de apagar la pantalla.
No va de quitarle a nadie una bandera.
No va de aguarle la final a un pueblo que tenía derecho a celebrar.
Va de otra cosa.
Va de mirar qué pasa cuando el poder coge una emoción limpia y la convierte en dispositivo.
Aquí una pantalla.
Allí otra.
Aquí tráfico cortado.
Allí silencio.
Aquí gente.
Allí un negocio mirando cómo la noche pasa de largo.
Ahí está el punto.
La alegría era de todos.
La pantalla no.
La alegría no tenía dueño.
La pantalla sí tenía ubicación.
Y en política local la ubicación nunca es neutra.
Porque una pantalla no solo enseña un partido.
Ordena la mirada.
Mueve gente.
Mueve consumo.
Mueve ruido.
Activa dispositivo.
Corta calles.
Produce fotos.
Mueve cajas.
Mueve la sensación de qué parte de Calp vive la noche desde dentro y qué parte la mira desde fuera.Porque todo mapa, aunque parezca técnico, también dice quién está dentro y quién se queda fuera.
El mapa no fue una anécdota.
Fue el mensaje.
La Fossa tenía pantalla.
El Puerto tenía pantalla.
El centro tenía preguntas.
La Plaza Mayor tenía silencio.
El anfiteatro Odéon miraba desde fuera.
Y algunos negocios entendieron enseguida lo que a veces cuesta tanto explicar en un pleno: que una decisión pública no solo organiza una noche.
Organiza el flujo.
Organiza la foto.
Organiza quién recibe gente.
Organiza quién recibe ruido.
Organiza quién recibe consumo.
Y organiza también quién se queda viendo cómo la alegría pasa por otra calle.
Porque también hay ausencias que iluminan.
Y conviene decirlo claro.
El que pregunta no siempre molesta.
A veces señala el hueco.
El que preguntó por el centro no estaba contra España.
El que preguntó por el Odéon no estaba contra la final.
El que miró su negocio vacío no estaba contra la alegría.
Estaba diciendo algo más sencillo y más incómodo:
yo también soy Calp.
Mi calle también es Calp.
Mi local también paga Calp.
Mi plaza también sostiene Calp.
Mi noche también tenía derecho a existir.
Porque cuando una ciudad celebra de verdad, no debería haber vecinos de primera pantalla y vecinos de segunda fila.
Por eso la lectura de la semana no estaba solo en la pantalla.
Estaba debajo.
En los comentarios.
En los negocios.
En quien preguntaba por el centro.
En quien compartía la columna.
En quien la metía en conversaciones donde normalmente no entra la política.
En quien entendía que aquella lectura no era casualidad.
La gente no leyó contra España.
Leyó porque había entendido algo.
Que una pantalla puede enseñar un partido.
Pero también puede enseñar el reparto.
La pantalla no tapa la pregunta.
A veces la ilumina.
Y cuando ilumina, también deja a la vista lo que algunos preferían fuera de plano.
Vecino,
hay alegrías que duran una noche.
Y mapas que explican una ciudad.
La final pasará.
El resultado pasará.
La foto pasará.
Pero quedará la pregunta de siempre: quién decide dónde ocurre Calp.
Porque una ciudad no se divide cuando celebra.
Se divide cuando una parte celebra dentro del foco y otra aprende, otra vez, a mirar desde el borde.
España puso a Calp a mirar hacia el mismo sitio.
La política decidió desde dónde.
La selección une.
La política reparte la pantalla.
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Vecino,
la selección hizo en una noche lo que la política local no consigue en años.
Juntó a Calp.
Juntó al que vive en el centro, al que vive en la Fossa, al que trabaja en el puerto, al que abre un comercio, al que sirve mesas, al que solo quería ver el partido y al que por unas horas prefirió dejar la bronca aparcada.
España puso algo limpio sobre la mesa.
Alegría.
Orgullo.
Una excusa para mirar juntos.
Y precisamente por eso conviene mirar qué hizo la política con esa alegría cuando le tocó convertirla en mapa, pantallas y dispositivo.
Que nadie haga el truco fácil.
Esto no va de apagar la pantalla.
No va de quitarle a nadie una bandera.
No va de aguarle la final a un pueblo que tenía derecho a celebrar.
Va de otra cosa.
Va de mirar qué pasa cuando el poder coge una emoción limpia y la convierte en dispositivo.
Aquí una pantalla.
Allí otra.
Aquí tráfico cortado.
Allí silencio.
Aquí gente.
Allí un negocio mirando cómo la noche pasa de largo.
Ahí está el punto.
La alegría era de todos.
La pantalla no.
La alegría no tenía dueño.
La pantalla sí tenía ubicación.
Y en política local la ubicación nunca es neutra.
Porque una pantalla no solo enseña un partido.
Ordena la mirada.
Mueve gente.
Mueve consumo.
Mueve ruido.
Activa dispositivo.
Corta calles.
Produce fotos.
Mueve cajas.
Mueve la sensación de qué parte de Calp vive la noche desde dentro y qué parte la mira desde fuera.Porque todo mapa, aunque parezca técnico, también dice quién está dentro y quién se queda fuera.
El mapa no fue una anécdota.
Fue el mensaje.
La Fossa tenía pantalla.
El Puerto tenía pantalla.
El centro tenía preguntas.
La Plaza Mayor tenía silencio.
El anfiteatro Odéon miraba desde fuera.
Y algunos negocios entendieron enseguida lo que a veces cuesta tanto explicar en un pleno: que una decisión pública no solo organiza una noche.
Organiza el flujo.
Organiza la foto.
Organiza quién recibe gente.
Organiza quién recibe ruido.
Organiza quién recibe consumo.
Y organiza también quién se queda viendo cómo la alegría pasa por otra calle.
Porque también hay ausencias que iluminan.
Y conviene decirlo claro.
El que pregunta no siempre molesta.
A veces señala el hueco.
El que preguntó por el centro no estaba contra España.
El que preguntó por el Odéon no estaba contra la final.
El que miró su negocio vacío no estaba contra la alegría.
Estaba diciendo algo más sencillo y más incómodo:
yo también soy Calp.
Mi calle también es Calp.
Mi local también paga Calp.
Mi plaza también sostiene Calp.
Mi noche también tenía derecho a existir.
Porque cuando una ciudad celebra de verdad, no debería haber vecinos de primera pantalla y vecinos de segunda fila.
Por eso la lectura de la semana no estaba solo en la pantalla.
Estaba debajo.
En los comentarios.
En los negocios.
En quien preguntaba por el centro.
En quien compartía la columna.
En quien la metía en conversaciones donde normalmente no entra la política.
En quien entendía que aquella lectura no era casualidad.
La gente no leyó contra España.
Leyó porque había entendido algo.
Que una pantalla puede enseñar un partido.
Pero también puede enseñar el reparto.
La pantalla no tapa la pregunta.
A veces la ilumina.
Y cuando ilumina, también deja a la vista lo que algunos preferían fuera de plano.
Vecino,
hay alegrías que duran una noche.
Y mapas que explican una ciudad.
La final pasará.
El resultado pasará.
La foto pasará.
Pero quedará la pregunta de siempre: quién decide dónde ocurre Calp.
Porque una ciudad no se divide cuando celebra.
Se divide cuando una parte celebra dentro del foco y otra aprende, otra vez, a mirar desde el borde.
España puso a Calp a mirar hacia el mismo sitio.
La política decidió desde dónde.
La selección une.
La política reparte la pantalla.
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.



























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