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Noticias de Calp

El Torreó de la Peça: el vestigio del Calp que vivía pendiente de los ataques

El elemento defensivo del Casco Antiguo recuerda las incursiones que obligaron a mantener la villa amurallada durante siglos

El Torreó de la Peça se integra hoy en el recorrido peatonal del Casco Antiguo de Calp como uno de sus elementos patrimoniales más reconocibles. Sin embargo, su origen está ligado a una población que durante siglos vivió expuesta a una amenaza constante por los ataques que llegaban desde el mar a cargo de piratas y corsarios.

 

La posición costera de Calp condicionó profundamente su desarrollo urbano, su sistema defensivo y la vida cotidiana de sus habitantes. El Mediterráneo era fuente de pesca, comercio y comunicación, pero también la principal vía de entrada de incursiones que obligaron a levantar murallas, organizar la vigilancia y controlar estrictamente los accesos a la villa.

 

El núcleo que dio origen al Calp actual quedó configurado y amurallado durante la segunda mitad del siglo XIV. La documentación recopilada de diverdad fuentes atribuye la construcción de una nueva pobla entre 1365 y 1368. Desde entonces, las murallas fueron objeto de continuas reparaciones y reformas para mantener la capacidad defensiva de la villa.

 

El primer recinto disponía de una entrada principal, conocida como el Portalet. Sus gruesas puertas de madera, revestidas de hierro, permitían controlar la entrada al interior del recinto. A ello se sumaba el cierre de este acceso durante la noche, como medida destinada a proteger una población situada a escasa distancia del mar.

 

En 1520, Carlos I ordenó reforzar las defensas del litoral valenciano con la construcción o reparación de murallas, torres y sistemas de aviso. Entre ellas, señaló expresamente al conde de Mélito reforzar las defensas de Calp frente a las incursiones corsarias y se cree que se desarrollaron diferentes actuaciones para adaptar la fortificación a las nuevas necesidades defensivas.

 

Durante este mismo siglo, probablemente entre 1530 y 1540 según el MARQ, es cuando se levantó el actual Torreó de la Peça, integrado en uno de los extremos del sistema defensivo. La torre formaba parte de un conjunto unitario que pudo contar con otros dos torreones hoy desaparecidos.

 

Décadas después, en 1581, se proyectó una nueva reforma que contemplaba duplicar la muralla y construir un baluarte destinado a albergar una pieza de artillería. El MARQ identifica este baluarte principal con el posterior Baluarte de la Peça, que terminó ocultando la torre anterior.

 

Torreó de la Peça Calp

 

El asalto de 1637 y la ofensiva repelida de 1744

 

La vigilancia no siempre resultó suficiente. El episodio más grave documentado tuvo lugar en la madrugada del 3 de agosto de 1637, cuando piratas berberiscos lograron entrar en la villa. Según la documentación histórica, los atacantes actuaron sin ser detectados, aprovechando que algunas de las guardas no se encontraban en sus puestos, pudiendo superar las murallas utilizando escaleras.

 

La incursión terminó con al menos 16 calpinos muertos durante la resistencia inicial y con la captura de 302 habitantes, prácticamente toda la población de Calp que se encontraba en el interior de la villa, los cuales fueron trasladados a Argel. Los cautivos permanecieron allí durante entre cinco años y nueve, ya que fueron siendo liberados entre 1642 y 1646 mediante el pago de oro y el intercambio de esclavos berberiscos del Reino de Valencia.

 

Sin embargo, el regreso progresivo de los cautivos no puso fin a las consecuencias del ataque. Días después regresaron a Calp 65 personas que se encontraban fuera de la villa cuando se produjo el asalto, estos solicitaron armas para defender una villa que había quedado desguarnecida, mientras distintas instituciones y particulares participaron en la recaudación de fondos para los rescates. Cuarenta años después, Calp todavía solicitaba reducciones fiscales y ayudas para reparar las murallas y afrontar las consecuencias económicas de la incursión.

 

Más tarde, el 22 de octubre de 1744 se produjo otra importante incursión contra la villa, considerada la última gran acción pirática documentada en Calp. Ese día llegaron a la bahía calpina siete galeotas, cuyas fuerzas han sido cifradas por las fuentes de la época entre 800 y 1.000 hombres.

 

Pese a que saquearon almacenes y viviendas del arrabal que habían quedado vacíos, apoderándose de víveres, los defensores resistieron durante todo el día y evitaron el acceso a la villa. Una batalla en la que hubo más de un centenar de fallecidos entre los piratas berberiscos, mientras que solo hubo uno por parte de los calpinos. Entre tanto, fue necesaria la ayuda procedente de localidades próximas para rechazar esta ofensiva.

 

Tras dos días fondeados frente a la costa de Calp, las galeotas se retiraron. No obstante, este episodio quedó arraigado en la memoria colectiva y constituye la base histórica de “El Miracle”, que cada año se representa en las fiestas de Moros y Cristianos, en honor al Santíssim Crist de la Suor.

 

Tras aquel ataque se impulsó la construcción de una segunda línea defensiva. La población había crecido fuera de la antigua ciudadela y las viviendas, almacenes y espacios de trabajo del arrabal se encontraban especialmente expuestos. El proyecto definitivo, elaborado por el ingeniero Charles Desnaux, veía la luz en julio de 1747, con un nuevo muro que rodeaba completamente el arrabal, mientras que las puertas del Mar y de Altea se encontraban pendientes de colocación.

 

El origen del nombre de la torre

 

Con el final de las incursiones piratas y la pérdida de la función defensiva de las murallas, Calp comenzó a abrirse progresivamente. Se derribaron distintos tramos de la fortificación, se crearon nuevos accesos y la población se extendió fuera de la antigua villa amurallada.

 

El Torreó de la Peça toma su nombre del Baluarte de la Peça, una fortificación posterior destinada al uso de artillería que llegó a ocultar la torre. El derribo del baluarte en 1947 dejó al descubierto el antiguo torreón, cuya existencia y características habían quedado parcialmente ocultas entre las construcciones y transformaciones urbanas acumuladas con el paso del tiempo. No obstante, en 1981, el torreón y los restos de las murallas fueron restaurados, una actuación que permitió mejorar su estado de conservación e integrarlos en el recorrido histórico del municipio.

 

Desde el punto de vista arquitectónico, el Torreó constituye uno de los restos más destacados de la antigua fortaleza y con el paso de los años se ha convertido en un elemento patrimonial. Presenta una base troncocónica y una parte superior de forma cilíndrica, y está construido con piedra y argamasa, materiales habituales en las estructuras militares de la época.

 

El edificio alberga hoy el Museo del Coleccionismo, con exposiciones temporales y fondos cedidos por particulares y asociaciones. Este uso cultural ha permitido mantener vivo el espacio y vincularlo a la actividad cotidiana del Casco Antiguo.

 

Junto al torreón se conservan dos cañones de fabricación inglesa de época Tudor, fechados en el siglo XVI, recuperados del puerto de Calp en 1997. Estas piezas ayudan a interpretar el pasado defensivo del conjunto y recuerdan la importancia de la artillería en la protección de las poblaciones costeras.

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