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Lunes, 13 de Julio de 2026

Actualizada Lunes, 13 de Julio de 2026 a las 12:35:12 horas

Lunes, 13 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. Trabajar en Calp empieza a ser una actividad de alto riesgo.

O de cómo el verano que llena la calle también puede vaciar la caja de quienes pagan por levantar la persiana.

Vecino,
en Calp hay gente que empieza el verano antes de que la ciudad salga en la foto.

 

Levanta la persiana, enciende la luz, coloca las mesas, revisa la cámara, mira la caja, paga la licencia, paga el alquiler, paga la basura, paga nóminas y espera que el verano entre por la puerta.

 

Pero abrir un negocio en Calp ya no es solo abrir.
Es asumir riesgo.

 

Riesgo de pagar todo el año para que, cuando llega el verano, la calle se llene de eventos, pantallas, barras autorizadas, campañas, excepciones y actividades que no siempre compiten con las mismas reglas.

 

Porque para algunos el verano es ambiente.
Para otros, antes que ambiente, es caja.

 

Y cuando la caja tiembla, el ambiente ya no suena igual.

 

No se trata de estar contra el verano.

 

Una ciudad sin fiesta sería una ciudad más triste.
Una playa sin gente sería una postal muerta.
Un pueblo sin asociaciones, sin cultura, sin deporte y sin noches compartidas sería menos pueblo.

 

Pero precisamente por eso el verano necesita reglas limpias.
Porque cuando la alegría pública se organiza mal, el coste privado no desaparece.

 

Solo cambia de bolsillo.

 

Y una ciudad seria no puede esconder detrás de una pantalla gigante todas las preguntas que no sabe contestar.

 

Esta semana Calp no solo tuvo verano.

 

Lo colocó en mitad de la playa, le puso pantalla, cartel, bandera, horario, foto y relato.
Lo llamó ambiente.
Lo llamó programación.
Lo llamó fiesta.
Lo llamó ciudad viva.

 

Pantalla gigante.
Fiesta de la Tapa.
Fútbol.
Eventos.
Publicaciones.
Fotos.

 

Todo parecía preparado para decir lo mismo: hay verano, hay gente, hay ciudad.
Y eso, en principio, no debería ser un problema.

 

El problema empieza cuando el poder organiza dónde mira la gente.
Porque cuando organiza dónde mira la gente, también organiza dónde se mueve la caja.

 

Y ahí empieza la pregunta incómoda.
Ahí es donde el verano deja de ser postal y empieza a ser cuenta de resultados.
Porque el comerciante no vive de fotos.

 

Vive de caja.
Y la caja no entiende de discursos.
Entiende de clientes que entran o no entran.
De mesas que se ocupan o se vacían.
De gente que consume en un sitio o en otro.
De eventos que mueven el flujo.
De barras autorizadas.
De pantallas públicas.
De actividades en la calle.
De competencia que no siempre carga con los mismos costes.

 

El comercio local no pide que Calp deje de vivir.

 

Pide que vivir en Calp no signifique competir siempre cuesta arriba.
Pide que la fiesta no se organice olvidando a quien paga la calle cuando no hay fiesta.

 

Porque una ciudad que quiere comercio abierto no puede tratar al comercio como un decorado.

 

Calp llama ambiente a lo que algunos negocios empiezan a llamar desequilibrio.
Porque en Calp hay una regla que casi nadie se atreve a decir en voz alta.

 

El verano no cuesta lo mismo para todos.

 

Para unos es cartel.
Para otros, factura.
Para unos es pantalla.
Para otros, alquiler.
Para unos es barra autorizada.
Para otros, licencia, terraza, basura, nómina, luz, seguros, inspecciones y una caja que tiene que cuadrar aunque el consumo se mueva a otro sitio.

 

Eso no es solo ambiente.
Eso es una balanza torcida.

 

Y cuando la balanza se tuerce, el comercio no compite.
Resiste.
Porque debajo de cada cartel de verano aparece siempre el mismo pueblo.

 

El que pregunta por los lavapiés.
El que se queja de la basura.
El que no encuentra aparcamiento.
El que vive en una urbanización donde las promesas llegan menos que las fotos.
El que ve cómo se monta una pantalla, una fiesta o un dispositivo, mientras lo básico sigue esperando turno.

 

Ese vecino no está contra el verano.
Está cansado de que el verano sirva para iluminar el escenario y dejar en sombra todo lo demás.

 

Y quizá esa sea la señal más clara de la semana: a Calp no le falta relato.
Le falta equilibrio entre lo que enseña y lo que escucha.

 

Vecino,
las ciudades no se sostienen con carteles.

 

Se sostienen con personas.
Con quienes abren.
Con quienes pagan.
Con quienes contratan.
Con quienes aguantan cuando la temporada termina y las luces se apagan.

 

Si ellos empiezan a sentir que trabajar es una actividad de alto riesgo, entonces la postal seguirá siendo bonita.

 

Pero cada año tendrá menos manos capaces de sostenerla.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García

 

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

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