El tiempo - Tutiempo.net

Lunes, 25 de Mayo de 2026

Actualizada Lunes, 25 de Mayo de 2026 a las 11:50:53 horas

Lunes, 25 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. El escaparate enseña. El expediente responde.

O de cómo una ciudad empieza a pedir papeles cuando ya no le bastan las fotos.

Vecino,

 

esta semana el poder volvió al escaparate.

 

Se acercó al comercio.
Sonrió con los puestos.
Felicitó a los negocios.
Habló de apoyo, de feria, de pueblo, de dinamización, de estar al lado.

 

Y, como siempre, la foto salió limpia.

 

Pero detrás de la foto había una pregunta que no cabía en el encuadre.

 

¿Por qué el comercio tiene que pagar más?

 

Porque mientras el poder se fotografiaba con los negocios en Fira Calp, el comercio local seguía esperando una explicación que no aparecía en ninguna foto: por qué se le impone una nueva carga sin que nadie explique con claridad qué mejora concreta justifica pagar más.

 

Y cuando una ciudad llega a ese punto, la sonrisa ya no sirve.

 

Sirve el expediente.

 

Ahí está la imagen de la semana.

 

Una mano en el hombro del comerciante.
Y otra en el recibo.

 

No confundamos las cosas.

 

 

El problema no es Fira Calp.
El problema no es el comercio.
El problema no es que una ciudad quiera enseñar lo que tiene.

 

Al contrario.

 

El escaparate muestra el esfuerzo.
Pero el expediente muestra la verdad.

 

Y algunos han aprendido a gobernar desde la fotografía.

 

Se ponen delante del negocio.
Se ponen junto al cartel.
Se ponen en la feria.
Se ponen en la inauguración.
Se ponen en el vídeo.

 

Pero cuando llega la pregunta, ya no están tan cerca.

 

Porque para hacerse una foto basta con aparecer.
Para explicar una tasa hace falta expediente.
Para justificar una subida hace falta criterio.
Para defender una decisión hace falta algo más que sonrisa, eslogan y aplauso.

 

El escaparate sirve para enseñar.

 

No sirve para gobernar.

 

 

Esta semana, detrás del escaparate, empezaron a aparecer los papeles.

 

Apareció la tasa.
Apareció el comercio.
Apareció la Casa Beltrán.
Apareció el Pulmón Verde.

 

Y apareció, sobre todo, esa manera tan local de convertir cada decisión en una batalla y cada explicación pendiente en una fotografía nueva.

 

Entonces la semana dejó de ser solo una semana de feria.

 

Fue otra cosa.

 

Fue una semana en la que Calp empezó a enseñar dos ciudades al mismo tiempo.

 

La ciudad que se fotografía.
Y la ciudad que pregunta.

 

La ciudad que inaugura.
Y la ciudad que pide informes.

 

La ciudad que sonríe en el puesto.
Y la ciudad que mira el recibo.

 

La ciudad que escucha promesas.
Y la ciudad que empieza a pedir papeles.

 

Esa es la novedad.
No que el poder enseñe.
Eso lo ha hecho siempre.

 

La novedad es que cada vez más gente empieza a mirar lo que el poder no enseña.

 

 

Ahí está el método.

 

Creen que publicar es justificar.
Que anunciar es cumplir.
Que salir en una foto es estar al lado.
Que repetir «seguimos trabajando» tapa la ausencia de explicación.

 

Que una bandera borra una playa sin lavapiés.
Que un cartel borra una tasa sin explicar.
Que una promesa verde borra años de incertidumbre.
Que una foto institucional borra el expediente.

 

Pero una ciudad no se gobierna así.

 

Una ciudad puede mirar el escaparate.
Pero también puede pedir la factura.

 

Y cuando empieza a pedirla, el relato ya no basta.
Porque el papel no sonríe.

 

El papel responde.

 

La paradoja es obscena.

 

 

Te abrazan en la feria.
Te suben en la ordenanza.

 

Te sonríen en el puesto.
Te cargan en el recibo.

 

Te llaman motor económico.
Te piden que aguantes otra subida.

 

Te ponen en la foto.
Pero cuando preguntas por qué pagas más, tienes que pedir expediente.

 

Eso no es apoyo al comercio.
Eso es usarlo como decorado cuando conviene
y como contribuyente cuando toca cuadrar números.

 

Y lo mismo empieza a pasar con todo.

 

Con la tasa.
Con el patrimonio.
Con el Pulmón Verde.
Con cada promesa que se enseña antes de explicarse.
Una ciudad que trata así a quienes sostienen su vida diaria no tiene un problema de comunicación.

 

Tiene un problema de respeto.

 

 

Porque el coste real no lo paga la foto.

 

Lo paga el vecino.

 

Lo paga el comerciante que sonríe en la feria y después vuelve al local a mirar cuentas.
Lo paga el restaurante que genera basura real, paga trabajadores, compra género, llena neveras y sostiene parte de la vida económica del pueblo.
Lo paga la tienda que abre cada mañana sin saber si el mes cuadrará.
Lo paga el autónomo que no tiene gabinete de prensa, ni vídeo, ni cartel, ni concejal a su lado cuando llega el recibo.

 

Ese es el punto.

 

El escaparate dura unas horas.
La factura vuelve cada año.

 

Y cuando una ciudad convierte cada problema en imagen, el vecino empieza a entender algo muy simple: que no le falta propaganda.

 

Le falta respeto.

 

Porque una ciudad no se rompe solo cuando sube una tasa.
Se rompe cuando quien la sostiene empieza a sentir que solo existe para pagarla.

 

 

Vecino,

 

el escaparate enseña.
El expediente responde.

 

Y una ciudad que empieza a pedir papeles
ya no vuelve a conformarse con fotos.

 

Porque detrás de cada cartel
hay una verdad que alguien debe firmar.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García

 

 

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Comentarios
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.20

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.