El tiempo - Tutiempo.net

Martes, 19 de Mayo de 2026

Actualizada Lunes, 18 de Mayo de 2026 a las 13:35:36 horas

Lunes, 18 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. Bajó la basura. Subió la vergüenza.

O de cómo una rebaja parcial terminó demostrando que la tasa bajó, pero el método no.

Vecino,

 

hubo un pleno en el que debía bajar la basura.

 

Y bajó.
Y que bajara era bueno.

 

Porque pagar menos siempre importa.
Pero mientras bajaba una parte del recibo, subía otra cosa bastante más difícil de justificar.

 

Subía la vergüenza.

 

La vergüenza de ver una medida necesaria convertida en campo de batalla.

 

El bochorno de comprobar que incluso cuando el vecino puede pagar algo menos, el poder encuentra la forma de pelearse por quién se queda con el mérito, quién carga con la culpa y quién aparece como enemigo del pueblo.

 

La basura bajó.

 

La institución, no.

 

 

Porque la basura, esta semana, no fue basura.

 

Fue munición.

 

Un recibo que durante un año pesó sobre el vecino volvió al pleno no como acto sereno de reparación, sino como arma política.

 

El gobierno quiso convertir la rebaja en victoria.
La oposición quiso convertir el pleno en denuncia.
La no adscrita volvió a ser grieta.

 

Y el vecino, otra vez, quedó en medio.
Su recibo se usó para medir fuerzas.
Su alivio se convirtió en argumento.
Y su necesidad de pagar menos terminó envuelta en la misma pelea que lleva meses deteriorando la institución.

 

Eso es lo grave.

 

No que bajara la tasa.
Lo grave es que incluso una bajada se usara como trinchera.

 

La semana fue casi perfecta para quien quisiera entender el método.

 

 

El lunes, el recibo cumplía un año.
El miércoles, el poder lo sacó otra vez a escena.
El jueves, lo envolvió en carteles, porcentajes y mensajes diseñados para poner a todos contra la pared.

 

Y el viernes, lo lanzó al pleno como quien lanza una piedra sobre una mesa ya agrietada.
Después vinieron las interrupciones.
Las acusaciones.

 

Las palabras gruesas.
El «tránsfuga».
El «dictadora».

 

El boicot.
La ausencia.
La sospecha.
La amenaza de impugnar.

 

La sensación de que el vecino había entrado al pleno por su recibo y había salido de allí convertido otra vez en excusa.

 

No una corrección serena.
No una reparación.

 

Una pelea por controlar quién podía presentarse ante el pueblo como salvador, víctima o culpable.

 

No confundas rebaja con reparación.

 

 

Rebaja es bajar una cifra.
Reparación es reconocer por qué se cargó antes.
Reparación es asumir el daño político de haber hecho pagar al vecino durante un año una carga que ahora todos admiten que podía aliviarse.
Reparación es no convertir ese acuerdo en una trampa pública contra quien no compre el paquete entero.

 

Lo que vimos esta semana no fue reparación.
Fue operación.
Primero se cobró.
Después se esperó.
Luego se anunció la bajada.
Después se presionó.

 

Y finalmente se convirtió el alivio del vecino en una batalla para repartir culpables.

 

Eso no limpia el método.
Lo confirma.

 

Porque cuando el poder necesita convertir una rebaja en propaganda de absolución, es porque sabe que el recibo todavía acusa.

 

La basura bajó.
Pero no bajó la soberbia.

 

 

No bajó el cálculo.
No bajó el teatro.
No bajó la necesidad de señalar al enemigo antes de explicar bien la medida.
No bajó esa costumbre miserable de convertir al vecino en excusa, en rehén, en pancarta y en coartada.

 

El recibo bajará algo.
Pero la imagen del pleno quedó por los suelos.
Y eso también lo paga el pueblo.
Porque la degradación institucional no aparece en una tasa.
No llega por domiciliación bancaria.
No viene con código de barras.

 

Pero se paga igual.

 

Se paga en confianza perdida.
En cansancio.
En vergüenza.

 

En esa sensación cada vez más extendida de que Calp no tiene un problema de basura.

 

Tiene un problema de forma de poder.

 

Y en medio de todo eso estaba el vecino.
Otra vez.

 

No como destinatario de una reparación, sino como argumento de unos contra otros.

 

El vecino que pagó durante un año.
El vecino que vio cómo la tasa se convertía en cartel, en porcentaje, en amenaza, en bronca y en titular.

 

Pidió pagar menos.
Pidió justicia.
Pidió que, si se corregía algo, se corrigiera con decencia.
Pero el pleno le devolvió otra cosa.

 

Le devolvió gritos.
Le devolvió reproches.
Le devolvió etiquetas.
Le devolvió una imagen vieja y cansada: políticos peleando por el relato mientras el ciudadano solo quería que vivir en Calp fuera un poco menos caro.

 

Y esa es la humillación real.

 

Que incluso cuando el vecino gana algo, tiene que verlo convertido en espectáculo.
Que incluso cuando baja una tasa, sube la sensación de que el pueblo sigue siendo usado.

 

Usado para cobrar, para justificar, para presionar, para acusar y, al final, para posar.

 

Y después, otra vez, enviado a casa con su recibo corregido y su confianza más rota.

 

Vecino,

 

 

la basura bajó.
Eso es bueno.
Pero el método siguió allí.
En el cartel.
En la presión.
En la acusación.
En la bronca.

 

Bajó una cifra.
No bajó la forma de mandar.

 

Y mientras eso siga ocurriendo, Calp no tendrá solo un problema de tasas.
Tendrá un problema de gobierno.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García

 

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Comentarios
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.254

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.