Noticias de la Marina Alta
Amadem alerta de los riesgos del consumo de cannabis en jóvenes y su impacto en la salud mental
El consumo de cannabis, especialmente entre la población joven, sigue generando preocupación en el ámbito de la salud mental. Así lo advierte la psicóloga Luisina Daives, de la ONG para la Salud Mental en la Marina Alta, Amadem; tras el análisis de los efectos de esta sustancia en el cerebro y sus posibles consecuencias a largo plazo.
Según datos de la Agencia contra el Crimen y las Drogas de la ONU, alrededor de 192 millones de personas entre 15 y 64 años consumían cannabis con fines recreativos en 2018. De ellos, cerca del 35% pertenecía al grupo de edad de entre 18 y 25 años, una etapa en la que el cerebro aún se encuentra en desarrollo.
Daives explica que el principal componente psicoactivo del cannabis, el tetrahidrocannabinol (THC), actúa sobre receptores del cerebro relacionados con los mecanismos de recompensa y motivación: “Esto puede influir en la conducta, haciendo que las personas actúen en función de la obtención de recompensas, lo que afecta a la toma de decisiones y a la motivación”.
La psicóloga advierte además de que el consumo en edades tempranas puede incrementar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental. Entre ellos, destaca la aparición de episodios psicóticos o incluso trastornos más graves como la esquizofrenia, especialmente en personas con predisposición genética.
Diversos estudios apuntan a que incluso un consumo moderado puede aumentar la probabilidad de presentar síntomas psicóticos en jóvenes, aunque este riesgo es mayor en quienes tienen una vulnerabilidad previa. Sin embargo, Daives subraya que “no es posible conocer con exactitud el grado de predisposición individual”, por lo que insiste en la importancia de la prevención.
En este sentido, desde Amadem se hace un llamamiento a reforzar la educación y la concienciación sobre los riesgos asociados al consumo de cannabis. El objetivo es fomentar hábitos saludables, una adecuada gestión emocional y el desarrollo de conductas que prioricen el bienestar psicológico. Daives concluye que reducir el consumo entre los más jóvenes es clave para proteger su salud mental y favorecer un desarrollo personal equilibrado en una etapa especialmente sensible.
El consumo de cannabis, especialmente entre la población joven, sigue generando preocupación en el ámbito de la salud mental. Así lo advierte la psicóloga Luisina Daives, de la ONG para la Salud Mental en la Marina Alta, Amadem; tras el análisis de los efectos de esta sustancia en el cerebro y sus posibles consecuencias a largo plazo.
Según datos de la Agencia contra el Crimen y las Drogas de la ONU, alrededor de 192 millones de personas entre 15 y 64 años consumían cannabis con fines recreativos en 2018. De ellos, cerca del 35% pertenecía al grupo de edad de entre 18 y 25 años, una etapa en la que el cerebro aún se encuentra en desarrollo.
Daives explica que el principal componente psicoactivo del cannabis, el tetrahidrocannabinol (THC), actúa sobre receptores del cerebro relacionados con los mecanismos de recompensa y motivación: “Esto puede influir en la conducta, haciendo que las personas actúen en función de la obtención de recompensas, lo que afecta a la toma de decisiones y a la motivación”.
La psicóloga advierte además de que el consumo en edades tempranas puede incrementar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental. Entre ellos, destaca la aparición de episodios psicóticos o incluso trastornos más graves como la esquizofrenia, especialmente en personas con predisposición genética.
Diversos estudios apuntan a que incluso un consumo moderado puede aumentar la probabilidad de presentar síntomas psicóticos en jóvenes, aunque este riesgo es mayor en quienes tienen una vulnerabilidad previa. Sin embargo, Daives subraya que “no es posible conocer con exactitud el grado de predisposición individual”, por lo que insiste en la importancia de la prevención.
En este sentido, desde Amadem se hace un llamamiento a reforzar la educación y la concienciación sobre los riesgos asociados al consumo de cannabis. El objetivo es fomentar hábitos saludables, una adecuada gestión emocional y el desarrollo de conductas que prioricen el bienestar psicológico. Daives concluye que reducir el consumo entre los más jóvenes es clave para proteger su salud mental y favorecer un desarrollo personal equilibrado en una etapa especialmente sensible.



















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