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Lunes, 20 de Abril de 2026

Actualizada Lunes, 20 de Abril de 2026 a las 11:37:35 horas

Lunes, 20 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'

Vecino. Mientras Calp se cae a trozos, el poder inaugura una barandilla.

O de cómo la foto pequeña intenta tapar una semana demasiado grande.

Vecino,

 

una ciudad no se delata solo cuando cae algo grande.
A veces se delata cuando, en mitad del derrumbe, el poder decide posar junto a lo pequeño.

 

esta semana en Calp han pasado cosas muy reveladoras.

 

Se rompe un gobierno.
Se convoca una rueda de prensa para aparentar fortaleza.
En el pleno vuelan pullas, excusas e informes pendientes.
Se prohíbe convertir bajos en vivienda porque no saben cómo ordenar lo que han dejado crecer.

 

En Empedrola, en vez de arreglar el problema, cambian el sentido y te piden paciencia.

 

Y, para rematar la semana,
aparecen varios concejales inaugurando una barandilla.

 

Una barandilla, Vecino.

 

Y ahí lo entiendes todo.

 

Porque cuando un poder ya no sabe resolver la estructura, se refugia en lo pequeño que sí puede fotografiar.

 


 

Que nadie se confunda.

 

El problema no es que se inaugure una barandilla.
El problema es que, después de una semana como esta,
esa sea la imagen con la que un poder intenta cerrarla.

 

Porque una barandilla no escandaliza a nadie.
Lo que escandaliza es la desproporción.

 

La crisis política, por un lado.
La vivienda, por otro.
Los informes pendientes.
Las rectificaciones tardías.
Los caminos mal resueltos.
Las restricciones como sustituto de la planificación.

 

Y, en medio de todo eso,
la fotografía institucional de algo pequeño, visible, inocuo, manejable.

 

Ahí está el verdadero asunto.

 

No en la barandilla.
Sino en el tipo de poder que, cuando no domina lo importante,
se abraza a lo que sí puede enseñar terminado.

 


 

Porque esta semana no les ha fallado una cosa.

 

Les ha fallado el método.

 

Primero, una crisis política que ya no podían esconder y que obligó a salir a dar explicaciones con gesto de firmeza, como si la firmeza pudiera improvisarse delante de un micrófono.
Después, un pleno donde en vez de cerrarse la herida se vio mejor: reproches, pullas, justificaciones, ausencias convertidas en arma y esa sensación cada vez más clara de que el problema no era una concejala, sino la costura entera del gobierno.

 

Más tarde, la solución para los bajos comerciales: no ordenar el modelo, no corregir su raíz, no ofrecer una salida amplia, sino prohibir. Otra vez prohibir.

 

Y, mientras tanto, en Empedrola, la misma lógica: en vez de arreglar el camino, cambian el sentido y le piden al vecino que se adapte al fallo.

 

Eso es lo que delata esta semana.

 

No un tropiezo.
No una mala tarde.
No una decisión desafortunada.

 

Delata una forma de poder que, cuando llega tarde a lo importante, intenta compensarlo con control del relato, restricciones y soluciones pequeñas.

 


 

Hay una forma muy reconocible de delatar la impotencia política.

 

No aparece en los grandes discursos.
Aparece en la solución elegida.

 

Si una administración no sabe qué hacer con la presión sobre la vivienda, prohíbe.
Si no sabe cómo resolver un camino mal planteado, desvía.
Si no sabe cómo sostener el equilibrio de una ciudad que ha dejado crecer sin medida, limita al último que pasaba por allí: el vecino, el pequeño propietario, el comerciante, el que necesita usar la ciudad y no solo salir en su foto.

 

Eso es lo que se ha vuelto tan visible esta semana.

 

No gobiernan desde una estructura.
Gobiernan desde una reacción.

 

Y toda reacción tardía tiene la misma víctima:
el ciudadano al que se le pide paciencia, adaptación, sacrificio o renuncia para compensar la falta de previsión ajena.

 

Por eso restringen tanto.

 

No porque tengan una idea más alta de ciudad,
sino porque llegar tarde obliga siempre a gobernar peor.

 


 

Llevan años empujando un modelo de ciudad hacia fuera.

 

Turismo.
Imagen.
Marca.
Eventos.
Proyección.
Relato de éxito.

 

Todo eso se impulsa, se enseña y se celebra.
Pero cuando llega la factura real de ese modelo,
no la pagan quienes lo diseñan.
No la absorbe la estructura pública que debió anticiparlo.
No se corrige la raíz.

 

La paga el vecino.

 

La paga el que ya no encuentra vivienda razonable.
La paga el que ve cómo el bajo se convierte en campo de batalla.
La paga el que tiene que dar más vuelta para llegar a casa.
La paga el que vive en una ciudad que sabe atraer cada vez más,
pero ordenar cada vez menos.

 

Esa es la secuencia completa.
Primero impulsan la presión.
Después administran sus consecuencias.
Y al final siempre aparece la misma salida cobarde:
que se adapte el de abajo.

 


 

Mientras ellos comparecen,
discuten,
rectifican,
prohíben,
inauguran
y se hacen la foto,

 

el vecino hace otra cosa.

 

Aguanta.

 

Aguanta el precio de una ciudad que se vende bien pero se ordena mal.
Aguanta el tráfico, la escasez, la incertidumbre y los parches.
Aguanta una ciudad que ya no le resuelve el problema: se lo redistribuye.
Aguanta, sobre todo, la sospecha de que aquí siempre acaba cediendo el mismo.

 

Y eso también desgasta.

 

Desgasta al que paga.
Desgasta al que espera.
Desgasta al que intenta quedarse.
Desgasta, sobre todo, al que empieza a sospechar que aquí siempre se le pide comprensión al mismo: al que ya vive dentro.

 


 

Vecino,

 

al final todo se resume en una escena.

 

Una ciudad llena de asuntos grandes.
Y un poder reuniéndose para fotografiar uno pequeño.

 

Eso no sería grave si lo demás estuviera resuelto.

 

Pero no lo está.
Por eso la barandilla no tranquiliza.

 

Delata.

 

Delata a un poder que llega tarde, corrige a medias y después enseña lo que sí puede cerrar sin demasiado riesgo.
Delata a una forma de gobernar que administra el síntoma mientras deja crecer la causa.
Delata, sobre todo, una verdad que ya pesa demasiado en Calp:

 

que lo visible se inaugura,
pero lo importante se aplaza.

 

Y cuando una ciudad entra en esa lógica,
el vecino deja de vivir bajo un gobierno.

 

Empieza a vivir sometido al remiendo.

 

Una vez leído,
no podrá ser desleído.

 

AVE CALPINVS.

 

Francisco Ramón Perona García


Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

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