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Noticias de Calp

Las Salinas de Calp: dos mil años de historia bajo el agua del humedal

El saladar que hoy habitan flamencos fue durante siglos un motor económico clave del municipio, ligado a Roma, a la Corona y a la vida cotidiana de generaciones de calpinos

Las Salinas de Calp en la década años 50 | Fotografía de Sánchez en el archivo de Jackycalp IfacLas Salinas de Calp en la década años 50 | Fotografía de Sánchez en el archivo de Jackycalp Ifac

Quien hoy pasea junto a Las Salinas de Calp, observando flamencos y aves acuáticas a los pies del Peñón de Ifach, difícilmente imaginaría que ese mismo espacio fue durante siglos uno de los principales motores económicos del municipio.

 

Pocos espacios en Calp concentran tanta historia como Las Salinas, un enclave que pasó de ser industria estratégica a foco insalubre y que años más tarde se ha convertido en símbolo natural de la localidad. La imagen actual de un humedal tranquilo contrasta con un pasado marcado por el trabajo, el comercio, la enfermedad y las decisiones políticas que cambiaron para siempre su destino.

 

La historia de Las Salinas se remonta, al menos, a época romana. Su existencia está estrechamente vinculada al entorno de los Baños de la Reina, donde funcionó una factoría de salazón. La sal era entonces un elemento esencial para la conservación de alimentos. Su uso permitía almacenar pescado y carne durante largos periodos y era indispensable en la elaboración del garum, una salsa muy apreciada en todo el Imperio. En ese contexto, se presupone que Calp formaba parte de una red económica mediterránea más amplia, conectada con rutas comerciales y centros de producción costera.

 

Tras la caída del Imperio romano, la falta de documentación impide conocer con precisión qué ocurrió con las salinas durante siglos. No obstante, la constante necesidad de sal en todas las épocas hace pensar que, de una forma u otra, su explotación no desapareció por completo.

 

Las primeras referencias documentadas reaparecen tras la conquista cristiana del Reino de Valencia. En 1240, el rey Jaume I estableció normas sobre el comercio de la sal, y en 1260 concedió las salinas de Calp a particulares, reservando para la Corona la mayor parte de los beneficios. Este control se mantuvo durante siglos a través de un sistema fiscal que obligaba a numerosas poblaciones a abastecerse en salinas concretas, entre ellas la de Calp.

 

Durante la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna, Las Salinas fueron un recurso estratégico, pero también un foco de conflictos y abusos. El transporte de la sal se realizaba principalmente por mar, con el consiguiente riesgo de ataques piratas, especialmente en el siglo XVIII.

 

A todo lo anterior se sumó una gestión irregular que provocó el deterioro progresivo de las instalaciones. Informes de la época describen balsas, acequias y almacenes en mal estado, con pérdidas importantes de producción y una rentabilidad cada vez menor frente a otras salinas como las de La Mata en Torrevieja.

 

La situación terminó agravándose con un problema añadido, ya que este espacio comenzó a ser percibido como un foco de insalubridad. Las aguas estancadas favorecían la aparición de enfermedades, especialmente las llamadas fiebres tercianas. En este contexto, la Corona tomó en 1787 la decisión definitiva de cerrar la salina de Calp, desmantelar sus instalaciones y trasladar la administración a Dénia. Además, la orden real incluía el allanamiento del terreno y la eliminación de acequias para evitar nuevos encharcamientos.

 

Los vecinos de Calp intentaron frenar esta medida, alertando de sus consecuencias. “Queda una laguna y rebalso de aguas que… infestan los ayres”, señalaban en documentos de la época, advirtiendo tanto del impacto económico como del sanitario. Sin embargo, la decisión se ejecutó, marcando el final de siglos de explotación salinera.

 

A partir de entonces, el espacio pasó a conocerse como El Saladar, una zona pantanosa que durante décadas quedó asociada a la insalubridad. Autores como Josep Cavanilles, a finales del siglo XVIII, o Pascual Madoz, en el siglo XIX, describieron el lugar como una laguna donde las aguas estancadas se corrompían en verano, afectando a la salud de la población. Los terrenos llegaron a subastarse en 1871 como suelo improductivo, reflejo del abandono y la degradación del enclave.

 

Las Salinas de Calp en la década años 60 - Jackycalp Ifac

Las Salinas de Calp en la década años 60 | Fotografía de Jackycalp Ifac

 

Nueva etapa salinera del siglo XX

 

El resurgir de Las Salinas de Calp no llegaría hasta comienzos del siglo XX. Fue entonces cuando Vicente Buigues Ferrando, conocido como el ti Marguí, impulsó la recuperación del espacio en torno a 1917. Su intervención permitió transformar el antiguo saladar en un sistema funcional mediante la construcción de nuevas balsas, acequias y un ingenioso sistema que facilitaba la entrada de agua marina.

 

Aunque modesta en sus inicios, la producción fue consolidándose con el paso de los años. Entre 1940 y 1960, bajo la gestión de Antonio Buigues, se introdujeron mejoras técnicas como la mecanización de la entrada de agua y se ampliaron de las instalaciones. La actividad se mantuvo hasta 1988, cuando cesó definitivamente la explotación salinera, poniendo fin a la última etapa productiva del enclave.

 

Las Salinas de Calp 1956 - JackyCalp Ifac

Las Salinas de Calp en 1956 | Fotografía de Sánchez en el archivo de Jackycalp Ifac

 

Espacio natural protegido

 

Desde entonces, Las Salinas de Calp han evolucionado hacia un nuevo papel. Hoy son un espacio natural protegido, reconocido por su valor ecológico y por la presencia de numerosas especies de aves. Sin embargo, su historia no ha estado exenta de controversias en las últimas décadas.

 

El Gobierno de España declaró la zona como dominio público marítimo-terrestre en 1993, lo que implicaba su consideración como espacio público y la consiguiente afección a la propiedad privada. Esta decisión fue recurrida judicialmente y acabó siendo anulada por la Audiencia Nacional en 1996, fallo que fue ratificado por el Tribunal Supremo en 2003. Un año después, en 2004, la Dirección General de Costas dejó sin efecto la orden inicial.

 

Pese a ello, el conflicto no quedó completamente cerrado. Costas inició un nuevo expediente de deslinde en 2009, reabriendo un debate que afecta tanto a la gestión del espacio como a su futuro urbanístico y ambiental. Este proceso ha mantenido durante años una situación de incertidumbre sobre el régimen jurídico del enclave natural.

 

En paralelo, Las Salinas han sido objeto de distintas propuestas de ordenación, protección y desarrollo, reflejando el difícil equilibrio entre conservación ambiental, intereses urbanísticos y derechos de propiedad. Esta complejidad explica que, más allá de su valor natural, este espacio sigue siendo un punto sensible en la planificación local.

 

A pesar de ello, se ha consolidado su identidad como humedal, siendo uno de los espacios más singulares de Calp. Bajo su apariencia actual se superponen siglos de historia, el reflejo de cómo ha evolucionado el municipio y de cómo un mismo lugar puede cambiar radicalmente de función sin perder su importancia.

 

Las Salinas Calp

 

Las Salinas de Calp

 

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