Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'
Vecino. El poder gobierna por trámite. El pueblo responde por soberanía.
O de cómo la «gracia del expediente» sustituyó a tu voz.
Vecino,
en Calp llevamos semanas viendo lo mismo con distintos disfraces: la desconexión.
Representantes, por un lado.
Representados por otro.
Y lo que más duele no es el proyecto, ni el diseño, ni el comunicado.
Lo que más duele es el método.
Porque hay un mecanismo que ya gobierna por encima de todo:
Una burocracia que, en teoría, existe para protegerte.
Pero que, en la práctica, se ha convertido en algo más eficaz:
un modo de hacerte obedecer sin que parezca obediencia.
Te dicen: «todo es legal».
Te dicen: «hay trámites».
Te dicen: «hay informes».
Te dicen: «hay plazos».
No solo te reducen, te someten administrativamente.
Y tú, que pagas impuestos, que cumples, que sostienes el municipio, descubres la paradoja:
Si quieres ser eficaz en el expediente, tienes que contratar un abogado para poder hablarle al sistema con su propio idioma.
Ese es el truco, porque lo veo continuamente, Vecino:
te venden la democracia, pero te gobiernan con el formulario.
Y entonces aparece la pregunta que no es política, sino existencial:
- ¿El Calpino… sigue siendo soberano?
- ¿O es ya un muñeco al que se adula una vez cada cuatro años
para después convertirlo en un trámite más?
Porque, cuando el poder se siente incómodo, hace lo que siempre:
no discute contigo:
Te encierra en el procedimiento.
Donde tú pides sentido común, te ofrecen «orden».
Donde tú pides coherencia, te ofrecen «expediente».
Donde tú pides participación, te ofrecen «acto informativo».
Y, ojo, que esto es importante: un acto informativo no es participación.
Un acto informativo es una puesta en escena del mando.
Un «ya está hecho».
Un «hemos venido a explicarlo».
Un «escuchamos… pero seguimos».
En la Edad Media la monarquía justificaba su poder por la gracia de Dios.
Tras la Revolución Francesa, cambió el lenguaje.
La excusa mutó.
Hoy se gobierna por la gracia del expediente.
Y si el expediente dice que sí, da igual lo que diga el pueblo.
Y si el expediente «está en marcha», el pueblo debe callar.
Y si el expediente «cumple», el pueblo debe aceptar.
Eso, Vecino, no es democracia.
Eso tiene otro nombre: administración del vecino desde arriba.
Un sistema donde el representante no se siente representante,
sino propietario temporal del municipio.
Un sistema donde el vecino no es sujeto político,
sino instrumento electoral.
Te endulzan para que creas que decides porque metes un papel en una urna,
pero cuando pides voz, cuando pides suelo firme bajo los pies, te responden con lo mismo:
«Hay que seguir el procedimiento».
Vecino,
¿Y qué pasa cuando el procedimiento sustituye a la soberanía popular?
Pasa esto:
que lo irreparable se vuelve «legal».
que lo irreversible se vuelve «normal».
que lo histórico se vuelve «prescindible».
y lo que el vecino ama —su calle, su forma, su memoria— se convierte en una anécdota administrativa.
Y aquí viene lo más serio: esto no va solo de estética.
Va de identidad.
De comunidad.
De quién es Calp.
Porque Calp no es un decorado.
Calp es una historia viva: los que nacieron aquí y los que fueron acogidos como uno más.
Y cuando se borra un emblema, no se borra una piedra:
se borra un pacto.
Y lo inquietante es que no es el primer paso.
Hace tiempo ya se ha ido estrechando el cuello de lo calpino:
La práctica pesquera, la presión turística, la ciudad convertida en producto,
y ahora — con una urgencia técnica que al vecino se le presenta como incuestionable con presunta urgencia técnica— la sustitución del entorno por una «visión» que nadie votó.
No lo ves, Vecino:
los mismos que ponen límites al modo de vivir de los de abajo,
se permiten grandilocuencia para lo de arriba.
Y después vendrá la foto.
Y después vendrá la inauguración.
Y después vendrá la placa.
La chapa inmortal, el rito político, la firma del poder.
Mientras tú aprendes otra lección:
«que tu voz vale menos que un sello».
Pero escucha: Calp no es el Calp de los noventa,
siendo niño sin comprender nada, fui testigo una ciudadanía unida fue capaz de parar lo que parecía inevitable. La construcción de un hotel en nuestro «Peñón».
Es verdad: hemos cambiado.
Pero también es verdad esto: 2026 puede ser el año en que el pueblo recuerde su sitio.
Porque en una sociedad hiperconectada, la destrucción de un símbolo no se queda en una esquina: se convierte en detonante.
Y quizá —solo quizá— este golpe despierte algo que el expediente no sabe gestionar:
la dignidad.
Y cuando la dignidad vuelve, el procedimiento ya no basta.
Vecino, no confundas legalidad con legitimidad.
No confundas «acto informativo» con participación.
No confundas «gracia del expediente» con soberanía.
Porque cuando el poder te ofrece trámite, te está negando voz.
Y cuando el soberano solo firma, ya no manda: ratifica.
Y cuando el pueblo solo mira, ya no es pueblo: es público.
Calp, Vecino, no nació para ser público.
Nació para ser Casa.
Una vez leído, no podrá ser desleído.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Vecino,
en Calp llevamos semanas viendo lo mismo con distintos disfraces: la desconexión.
Representantes, por un lado.
Representados por otro.
Y lo que más duele no es el proyecto, ni el diseño, ni el comunicado.
Lo que más duele es el método.
Porque hay un mecanismo que ya gobierna por encima de todo:
Una burocracia que, en teoría, existe para protegerte.
Pero que, en la práctica, se ha convertido en algo más eficaz:
un modo de hacerte obedecer sin que parezca obediencia.
Te dicen: «todo es legal».
Te dicen: «hay trámites».
Te dicen: «hay informes».
Te dicen: «hay plazos».
No solo te reducen, te someten administrativamente.
Y tú, que pagas impuestos, que cumples, que sostienes el municipio, descubres la paradoja:
Si quieres ser eficaz en el expediente, tienes que contratar un abogado para poder hablarle al sistema con su propio idioma.
Ese es el truco, porque lo veo continuamente, Vecino:
te venden la democracia, pero te gobiernan con el formulario.
Y entonces aparece la pregunta que no es política, sino existencial:
- ¿El Calpino… sigue siendo soberano?
- ¿O es ya un muñeco al que se adula una vez cada cuatro años
para después convertirlo en un trámite más?
Porque, cuando el poder se siente incómodo, hace lo que siempre:
no discute contigo:
Te encierra en el procedimiento.
Donde tú pides sentido común, te ofrecen «orden».
Donde tú pides coherencia, te ofrecen «expediente».
Donde tú pides participación, te ofrecen «acto informativo».
Y, ojo, que esto es importante: un acto informativo no es participación.
Un acto informativo es una puesta en escena del mando.
Un «ya está hecho».
Un «hemos venido a explicarlo».
Un «escuchamos… pero seguimos».
En la Edad Media la monarquía justificaba su poder por la gracia de Dios.
Tras la Revolución Francesa, cambió el lenguaje.
La excusa mutó.
Hoy se gobierna por la gracia del expediente.
Y si el expediente dice que sí, da igual lo que diga el pueblo.
Y si el expediente «está en marcha», el pueblo debe callar.
Y si el expediente «cumple», el pueblo debe aceptar.
Eso, Vecino, no es democracia.
Eso tiene otro nombre: administración del vecino desde arriba.
Un sistema donde el representante no se siente representante,
sino propietario temporal del municipio.
Un sistema donde el vecino no es sujeto político,
sino instrumento electoral.
Te endulzan para que creas que decides porque metes un papel en una urna,
pero cuando pides voz, cuando pides suelo firme bajo los pies, te responden con lo mismo:
«Hay que seguir el procedimiento».
Vecino,
¿Y qué pasa cuando el procedimiento sustituye a la soberanía popular?
Pasa esto:
que lo irreparable se vuelve «legal».
que lo irreversible se vuelve «normal».
que lo histórico se vuelve «prescindible».
y lo que el vecino ama —su calle, su forma, su memoria— se convierte en una anécdota administrativa.
Y aquí viene lo más serio: esto no va solo de estética.
Va de identidad.
De comunidad.
De quién es Calp.
Porque Calp no es un decorado.
Calp es una historia viva: los que nacieron aquí y los que fueron acogidos como uno más.
Y cuando se borra un emblema, no se borra una piedra:
se borra un pacto.
Y lo inquietante es que no es el primer paso.
Hace tiempo ya se ha ido estrechando el cuello de lo calpino:
La práctica pesquera, la presión turística, la ciudad convertida en producto,
y ahora — con una urgencia técnica que al vecino se le presenta como incuestionable con presunta urgencia técnica— la sustitución del entorno por una «visión» que nadie votó.
No lo ves, Vecino:
los mismos que ponen límites al modo de vivir de los de abajo,
se permiten grandilocuencia para lo de arriba.
Y después vendrá la foto.
Y después vendrá la inauguración.
Y después vendrá la placa.
La chapa inmortal, el rito político, la firma del poder.
Mientras tú aprendes otra lección:
«que tu voz vale menos que un sello».
Pero escucha: Calp no es el Calp de los noventa,
siendo niño sin comprender nada, fui testigo una ciudadanía unida fue capaz de parar lo que parecía inevitable. La construcción de un hotel en nuestro «Peñón».
Es verdad: hemos cambiado.
Pero también es verdad esto: 2026 puede ser el año en que el pueblo recuerde su sitio.
Porque en una sociedad hiperconectada, la destrucción de un símbolo no se queda en una esquina: se convierte en detonante.
Y quizá —solo quizá— este golpe despierte algo que el expediente no sabe gestionar:
la dignidad.
Y cuando la dignidad vuelve, el procedimiento ya no basta.
Vecino, no confundas legalidad con legitimidad.
No confundas «acto informativo» con participación.
No confundas «gracia del expediente» con soberanía.
Porque cuando el poder te ofrece trámite, te está negando voz.
Y cuando el soberano solo firma, ya no manda: ratifica.
Y cuando el pueblo solo mira, ya no es pueblo: es público.
Calp, Vecino, no nació para ser público.
Nació para ser Casa.
Una vez leído, no podrá ser desleído.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.




























Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.43