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Julio César pudo decidir en Calp el futuro del Imperio romano
El historiador Paco Álvarez sostiene que el general romano se reunió en la bahía calpina con su sobrino-nieto Octavio en los meses previos a su asesinato
La historia antigua sitúa a Calp en el mapa de los grandes acontecimientos de Occidente. El historiador Paco Álvarez, especializado en el mundo romano, ha dado a conocer que Julio César estuvo en el año 45 a.C. en la actual Calp, entonces denominada Calpia, y que durante esa estancia podría haber tomado la decisión de nombrar heredero adoptivo a Octavio Augusto.
La hipótesis se apoya en los escritos de Nicolás de Damasco en la Vida de Augusto, una de las principales fuentes sobre los últimos meses del dirigente romano en Hispania. Según explica Álvarez, los textos relatan el viaje de Octavio a Hispania tras la batalla de Munda y sitúan su encuentro con César “peri polis Calpia”, es decir, “cerca de la ciudad de Calpe”.
Para el historiador, la precisión del término utilizado resulta determinante, ya que no hace referencia a un monte o accidente geográfico, sino a una ciudad o asentamiento humano cercano a Calp, descartando así una posible confusión con el Mons Calpe del Estrecho. “Distingue claramente entre una ciudad y el conocido Mons Calpe”, asegura sin titubeos para señalar la posibilidad de que el encuentro se produjera en la costa de la Marina Alta.
En declaraciones exclusivas a Calp Digital, Álvarez también cuenta que “la fuente es clara al hablar de una ciudad llamada Calpe. Si el autor sabe citar Tarraco o Cartago Nova con precisión, no hay razón para pensar que aquí se equivocara”, explica, añadiendo que “sobre historia antigua nada es cien por cien seguro, pero hay más argumentos a favor que en contra”.
La decisión en Calp que pudo cambiar el rumbo de Roma
Según Paco Álvarez, el relato de la estancia en Calp describe algo más que una reunión puntual. Nicolás de Damasco cuenta cómo César, al ver al joven Octavio, “lo abrazó como a un hijo y decidió retenerlo a su lado, lejos de enemigos, intrigas y piratas”. El texto habla de conversaciones, de tiempo compartido, de una estancia prolongada en un lugar seguro.
En aquel momento, Calp ofrecía precisamente eso, con una bahía protegida, recursos naturales y con el Peñón como punto clave dentro de las rutas marítimas romanas. La presencia de salinas, una piscifactoría natural y una costa resguardada implicaba necesariamente población estable, trabajadores, dirección económica y, por tanto, un núcleo humano con relevancia suficiente para acoger a una figura como César.
El historiador subraya que, aunque no existe constancia arqueológica de una ciudad romana plenamente desarrollada en la Calp de mediados del siglo I a. C., sí hay indicios claros de un asentamiento. “Está bastante claro que estuvo en Calp, no necesariamente en lo que hoy conocemos como Baños de la Reina”, revela. Aunque también señala que incluso podría ser una ocupación anterior al conocido Vicus de este yacimiento, lo que abre la puerta a la existencia de una villa aristocrática más antigua en este enclave.
Desde este enclave del litoral, César y Octavio partieron juntos por mar hacia Cartago Nova (Cartagena), tal y como recoge Damasceno. Un trayecto que encaja perfectamente con la lógica de la navegación romana, basada en el cabotaje y en el uso de promontorios visibles como referencia, entre ellos el Peñón de Ifach, que habría funcionado como auténtico faro natural en la Antigüedad.
Es precisamente en esta estancia compartida en Hispania cuando pudo gestarse una de las decisiones más trascendentales de la historia. Tras abandonar la península, César regresó a Roma, escribió su testamento en su villa de Túsculo y proclamó heredero a Octavio apenas dos días después de desembarcar. Ocho meses más tarde sería asesinado en Roma. “El margen es tan estrecho que resulta razonable pensar que la decisión ya estaba tomada, es muy probable que la decisión sobre Octavio se tomara antes, durante la tranquilidad de su estancia juntos en Calp”, explica el historiador.
La relación de Julio César con Hispania refuerza esta hipótesis. Aquí inició y consolidó buena parte de su carrera política, concedió privilegios fiscales, promovió colonias y elevó a numerosos hispanos al Senado. No fue una provincia más, sino un territorio clave en su trayectoria personal y política, y Calp pudo formar parte de ese entramado estratégico del Mediterráneo occidental.
Confirmar de forma definitiva este episodio resulta practicamente imposible en un municipio intensamente urbanizado desde hace décadas. Aun así, Álvarez no descarta que futuras excavaciones en zonas aún no intervenidas puedan aportar nuevas evidencias. “La historia antigua avanza despacio, pero a veces basta una inscripción en una piedra para cambiarlo todo”, señala.
Mientras tanto, la posibilidad de que Calp fuera testigo del momento en que Julio César decidió el futuro del Imperio sitúa al municipio en una dimensión histórica poco explorada y conecta su paisaje actual con uno de los capítulos más determinantes del pasado romano.

La historia antigua sitúa a Calp en el mapa de los grandes acontecimientos de Occidente. El historiador Paco Álvarez, especializado en el mundo romano, ha dado a conocer que Julio César estuvo en el año 45 a.C. en la actual Calp, entonces denominada Calpia, y que durante esa estancia podría haber tomado la decisión de nombrar heredero adoptivo a Octavio Augusto.
La hipótesis se apoya en los escritos de Nicolás de Damasco en la Vida de Augusto, una de las principales fuentes sobre los últimos meses del dirigente romano en Hispania. Según explica Álvarez, los textos relatan el viaje de Octavio a Hispania tras la batalla de Munda y sitúan su encuentro con César “peri polis Calpia”, es decir, “cerca de la ciudad de Calpe”.
Para el historiador, la precisión del término utilizado resulta determinante, ya que no hace referencia a un monte o accidente geográfico, sino a una ciudad o asentamiento humano cercano a Calp, descartando así una posible confusión con el Mons Calpe del Estrecho. “Distingue claramente entre una ciudad y el conocido Mons Calpe”, asegura sin titubeos para señalar la posibilidad de que el encuentro se produjera en la costa de la Marina Alta.
En declaraciones exclusivas a Calp Digital, Álvarez también cuenta que “la fuente es clara al hablar de una ciudad llamada Calpe. Si el autor sabe citar Tarraco o Cartago Nova con precisión, no hay razón para pensar que aquí se equivocara”, explica, añadiendo que “sobre historia antigua nada es cien por cien seguro, pero hay más argumentos a favor que en contra”.
La decisión en Calp que pudo cambiar el rumbo de Roma
Según Paco Álvarez, el relato de la estancia en Calp describe algo más que una reunión puntual. Nicolás de Damasco cuenta cómo César, al ver al joven Octavio, “lo abrazó como a un hijo y decidió retenerlo a su lado, lejos de enemigos, intrigas y piratas”. El texto habla de conversaciones, de tiempo compartido, de una estancia prolongada en un lugar seguro.
En aquel momento, Calp ofrecía precisamente eso, con una bahía protegida, recursos naturales y con el Peñón como punto clave dentro de las rutas marítimas romanas. La presencia de salinas, una piscifactoría natural y una costa resguardada implicaba necesariamente población estable, trabajadores, dirección económica y, por tanto, un núcleo humano con relevancia suficiente para acoger a una figura como César.
El historiador subraya que, aunque no existe constancia arqueológica de una ciudad romana plenamente desarrollada en la Calp de mediados del siglo I a. C., sí hay indicios claros de un asentamiento. “Está bastante claro que estuvo en Calp, no necesariamente en lo que hoy conocemos como Baños de la Reina”, revela. Aunque también señala que incluso podría ser una ocupación anterior al conocido Vicus de este yacimiento, lo que abre la puerta a la existencia de una villa aristocrática más antigua en este enclave.
Desde este enclave del litoral, César y Octavio partieron juntos por mar hacia Cartago Nova (Cartagena), tal y como recoge Damasceno. Un trayecto que encaja perfectamente con la lógica de la navegación romana, basada en el cabotaje y en el uso de promontorios visibles como referencia, entre ellos el Peñón de Ifach, que habría funcionado como auténtico faro natural en la Antigüedad.
Es precisamente en esta estancia compartida en Hispania cuando pudo gestarse una de las decisiones más trascendentales de la historia. Tras abandonar la península, César regresó a Roma, escribió su testamento en su villa de Túsculo y proclamó heredero a Octavio apenas dos días después de desembarcar. Ocho meses más tarde sería asesinado en Roma. “El margen es tan estrecho que resulta razonable pensar que la decisión ya estaba tomada, es muy probable que la decisión sobre Octavio se tomara antes, durante la tranquilidad de su estancia juntos en Calp”, explica el historiador.
La relación de Julio César con Hispania refuerza esta hipótesis. Aquí inició y consolidó buena parte de su carrera política, concedió privilegios fiscales, promovió colonias y elevó a numerosos hispanos al Senado. No fue una provincia más, sino un territorio clave en su trayectoria personal y política, y Calp pudo formar parte de ese entramado estratégico del Mediterráneo occidental.
Confirmar de forma definitiva este episodio resulta practicamente imposible en un municipio intensamente urbanizado desde hace décadas. Aun así, Álvarez no descarta que futuras excavaciones en zonas aún no intervenidas puedan aportar nuevas evidencias. “La historia antigua avanza despacio, pero a veces basta una inscripción en una piedra para cambiarlo todo”, señala.
Mientras tanto, la posibilidad de que Calp fuera testigo del momento en que Julio César decidió el futuro del Imperio sitúa al municipio en una dimensión histórica poco explorada y conecta su paisaje actual con uno de los capítulos más determinantes del pasado romano.






























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