Artículo de opinión de Calp - Columna 'Los lunes negros'
Vecino. De 21 millones a 66 en un solo pleno.
O de cómo se triplica el papel… Cuando no se puede triplicar la realidad.
Vecino,
el martes se votó una ciudad triple.
En un año: 21.255.000 €.
En el siguiente: 66.149.000 €.
Roma ya conocía ese truco:
cuando no puedes mover piedra, mueves palabras.
Y cuando no puedes ejecutar, inflas el pergamino.
────────────────────────────────────────────
En el pleno, se debatió el Plan de Contratación de 2026.
Y se oyó un dato que cualquier vecino entiende sin ser técnico:
De un año a otro, el tamaño del plan se triplica.
No estamos hablando de que ese dinero esté gastado.
Estamos hablando del volumen del papel: lo que se lista, lo que se anuncia, lo que se coloca en el escaparate.
Y cuando el escaparate se triplica, la pregunta no es política.
Es aritmética:
¿Se puede hacer de verdad?
────────────────────────────────────────────
El poder confesó con una frase:
No hay capacidad para hacerlo todo.
Ahí está la confesión.
Si no cabe todo, el gobierno no se mide por lo que enumera.
Se mide por lo que elige primero.
────────────────────────────────────────────
Un catálogo es cómodo.
Lo contiene todo.
Lo satisface todo.
Lo promete todo.
Pero no decide nada.
No trae jerarquía.
No trae calendario.
No trae seguimiento.
Y por eso el catálogo es la forma moderna de gobernar sin rendir cuentas:
Si no se cumple, no se incumple;
simplemente «no se ha podido».
Roma conocía esa trampa: prometer es fácil cuando nadie te obliga a escoger.
────────────────────────────────────────────
En Roma pasaba así:
Cuando no había piedra,
se sacaba pergamino.
Se anunciaba una obra.
Se proclamaba un plan.
Se le daba al pueblo un texto para que respirara unos meses.
Mientras tanto, el poder ganaba lo que buscaba:
tiempo.
Tiempo para llegar al siguiente tramo.
Tiempo para sostener el mando.
Tiempo para que la ciudad aguante.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando se aprueba un catálogo enorme
y al mismo tiempo se reconoce que no se podrá ejecutar:
El papel crece,
la capacidad no.
Además, el propio expediente lo deja con una frase que lo explica todo:
Todo queda supeditado a crédito.
Traducción al idioma del vecino:
«Se aprueba…
Pero si luego no hay dinero, no se hará».
Es la promesa con puerta de escape.
El catálogo con salida de emergencia.
Y eso tiene un precio:
La ciudad se acostumbra a ver anuncios
y a no ver resultados.
El daño no es solo técnico.
Es moral.
Porque el calpino no vive de listados.
Vive de hechos.
Escucha cifras y piensa: «ahora sí».
Y luego vive la misma acera, el mismo atasco, el mismo problema.
Cuando pasa el año y no se cumple,
no se rompe un plan:
se rompe la confianza.
Roma lo sabía:
cuando la promesa crece más que la ejecución,
el poder no gobierna la ciudad:
gobierna el relato.
────────────────────────────────────────────
Vecino.
Una ciudad no se arregla con un catálogo.
Se arregla con capacidad, con orden y con verdad.
Gobernar es hacer la lista corta y ponerle fecha.
Roma también prometía mucho.
Pero el pueblo aprendía a mirar la piedra, no el pergamino.
Roma acababa siempre en lo mismo: la verdad era la piedra. Y la mentira, el pergamino.
Que quede escrito:
Prometer es barato.
Ejecutar es gobernar.
Y un pueblo solo cree lo que ve hecho.
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
Hasta el próximo lunes, Legión.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.

Vecino,
el martes se votó una ciudad triple.
En un año: 21.255.000 €.
En el siguiente: 66.149.000 €.
Roma ya conocía ese truco:
cuando no puedes mover piedra, mueves palabras.
Y cuando no puedes ejecutar, inflas el pergamino.
────────────────────────────────────────────
En el pleno, se debatió el Plan de Contratación de 2026.
Y se oyó un dato que cualquier vecino entiende sin ser técnico:
De un año a otro, el tamaño del plan se triplica.
No estamos hablando de que ese dinero esté gastado.
Estamos hablando del volumen del papel: lo que se lista, lo que se anuncia, lo que se coloca en el escaparate.
Y cuando el escaparate se triplica, la pregunta no es política.
Es aritmética:
¿Se puede hacer de verdad?
────────────────────────────────────────────
El poder confesó con una frase:
No hay capacidad para hacerlo todo.
Ahí está la confesión.
Si no cabe todo, el gobierno no se mide por lo que enumera.
Se mide por lo que elige primero.
────────────────────────────────────────────
Un catálogo es cómodo.
Lo contiene todo.
Lo satisface todo.
Lo promete todo.
Pero no decide nada.
No trae jerarquía.
No trae calendario.
No trae seguimiento.
Y por eso el catálogo es la forma moderna de gobernar sin rendir cuentas:
Si no se cumple, no se incumple;
simplemente «no se ha podido».
Roma conocía esa trampa: prometer es fácil cuando nadie te obliga a escoger.
────────────────────────────────────────────
En Roma pasaba así:
Cuando no había piedra,
se sacaba pergamino.
Se anunciaba una obra.
Se proclamaba un plan.
Se le daba al pueblo un texto para que respirara unos meses.
Mientras tanto, el poder ganaba lo que buscaba:
tiempo.
Tiempo para llegar al siguiente tramo.
Tiempo para sostener el mando.
Tiempo para que la ciudad aguante.
Eso es exactamente lo que ocurre cuando se aprueba un catálogo enorme
y al mismo tiempo se reconoce que no se podrá ejecutar:
El papel crece,
la capacidad no.
Además, el propio expediente lo deja con una frase que lo explica todo:
Todo queda supeditado a crédito.
Traducción al idioma del vecino:
«Se aprueba…
Pero si luego no hay dinero, no se hará».
Es la promesa con puerta de escape.
El catálogo con salida de emergencia.
Y eso tiene un precio:
La ciudad se acostumbra a ver anuncios
y a no ver resultados.
El daño no es solo técnico.
Es moral.
Porque el calpino no vive de listados.
Vive de hechos.
Escucha cifras y piensa: «ahora sí».
Y luego vive la misma acera, el mismo atasco, el mismo problema.
Cuando pasa el año y no se cumple,
no se rompe un plan:
se rompe la confianza.
Roma lo sabía:
cuando la promesa crece más que la ejecución,
el poder no gobierna la ciudad:
gobierna el relato.
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Vecino.
Una ciudad no se arregla con un catálogo.
Se arregla con capacidad, con orden y con verdad.
Gobernar es hacer la lista corta y ponerle fecha.
Roma también prometía mucho.
Pero el pueblo aprendía a mirar la piedra, no el pergamino.
Roma acababa siempre en lo mismo: la verdad era la piedra. Y la mentira, el pergamino.
Que quede escrito:
Prometer es barato.
Ejecutar es gobernar.
Y un pueblo solo cree lo que ve hecho.
Una vez leído,
no podrá ser desleído.
Hasta el próximo lunes, Legión.
AVE CALPINVS.

Francisco Ramón Perona García (@fran_rpg)
Jurista. Ciudadano. Incómodo.





























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